Viernes, 24-4-2009 - Londres
Me levanté muy cansado, ya eran muchos días de caminatas, de siete a diez horas diarias pateando Londres (han pasado dos semanas y se me caen los pantalones que antes de ir me iban bien). Como ya tenía visto casi todo lo que me marqué en la lista -salvo cuatro cosillas que al final no vi- decidí tomarme el día de descanso, con calma y sin prisa.
Empecé bajando hacia Westminster para cruzar el puente y hacer fotos del Parlamento y la torre del Big Ben con la luz de la mañana. Estuve un rato por la zona, decidiendo si valía la pena subirme al London Eye. Cuando decidí que bueno, que vale, que voy bien de dinero como para andar racaneando vi, desde lejos, la cola que había para subir, y como soy alérgico a las colas me dije que una cosa es ser sableado por subir a una noria y otra tener que esperar más de media hora para que me sableen por subir a una maldita noria.
Volví a Trafalgar Square a tirarme otra vez al suelo un rato, y cuando me aburrí decidí callejear un poco por el Soho, curioseando alguna librería, una tienda de cómics, buscando los vinilos que me habían encargado (y que no encontré) hasta la hora de comer. Decidí volver al italiano de Sicillian Avenue del otro día.
Después de dejar la cámara en el hotel y echar una siestecilla me fui a ver el Museum of London, otra vez en la City, y tomando nota mental de alguna foto que hacer el sábado por la zona. Tuve la mala suerte de que el museo estaba, también, en medio de una remodelación, con lo cual sólo pude ver las salas que cubrían desde la prehistoria hasta el gran incendio. Fueron interesantes las armas anglosajonas y las reconstrucciones de viviendas romanas, pero yo había ido al museo más que nada por ver las reconstrucciones de tiendas victorianas y me tuve que quedar con las ganas.
Como aún quedaba bastante tarde por delante me fui al Covent Garden, un buen sitio para hacer tiempo viendo las actuaciones callejeras, cuando me dije que ya había tenido mucha suerte de estar tanto tiempo ahí sin que me sacaran para hacer el paripé en algún numerito me fui a cenar a Leicester Square. Estaba abarrotada de gente, se oían chillidos histéricos y la Hannah Montana estaba en el balcón de un cine, asistiendo al estreno de su película. Conseguí salir de nuevo a Charing Cross esquivando periodistas y quinceañeras desbocadas con la idea de cenar en otro italiano que tenía fichado cerca de Trafalgar Square. Los leones de la columna de Nelson habían sido tomados por hooligans de no sé qué equipo (llevaban banderas, pero yo de fútbol lo más que sé es que veintidos millonarios le dan patadas a una pelota), también habían tomado el pub que había al lado del italiano, y éste último estaba hasta arriba. Acabé en otro, en una bocacalle de Charing Cross.
Volví al hotel para coger los bártulos y hacer las pertinentes fotos nocturnas del Parlamento y el London Eye, había tres trípodes plantados, con sus correspondientes fotógrafos, en la ribera del Támesis esperando a que se encendieran las luces. Al acabar volvía a estar agotado, así que regresé al hotel en metro.





