Martes, 21-4-2009 - Londres
Decidí empezar el día en Camden Town. Cuando llegué estaban terminando de abrir las tiendas y montar los tenderetes, fui paseando hasta el Camden Lock y me senté a desayunar en una cafetería, una Coca-Cola y un sandwich de jamón y queso con mostaza que traería cola.
El Camden Lock es un conjunto de viejos edificios industriales situado a orillas del Regent’s Canal, al lado de unas compuertas, con mercadillos de artesanía, ropa para todo tipo de tribus urbanas, antigüedades y cachivaches diversos, un conjunto ecléctico interesantísimo. Supuestamente se llena de gente pintoresca que le da ambiente, pero en martes y a esas horas de la mañana sólo estábamos un puñado de guiris. Además del Camden Lock propiamente dicho hay que destacar el Stable Market, situado en lo que parecen unos viejos establos, con sus puertas de madera sin barnizar, o por lo menos la imitación está muy bien conseguida. Y para echar de comer aparte es Cyberdog, una tienda de ropa “cibernética” decorada con robots, luces negras y colores fosforescentes por doquier con música electrónica machacona de fondo. Allí tienen la ropa más extraña que he visto nunca (camisetas con pantallas de leds, visores iluminados y… “ropa rara”). Aunque no te guste lo que venden hay que entrar para ver la decoración.
Volviendo hacia el metro, cotilleando un poco las tiendas, aún llegué a entrar en el Camden Market, que es más parecido a un rastrillo. Ahí es donde empecé a acordarme de los bretones, de la reina, del puto rey Arturo, su puta mesa cuadrada y los putos sándwiches con mostaza. Ya tengo otra alergia que añadir a la lista. Notando una sensación de agobio, como si me faltara el aire, la cara ardiendo como si hubiera estado al sol demasiado rato y las características punzadas en la boca del estómago huí hacia el metro. Logré llegar a la habitación del hotel antes de echar la papilla (y si no fuera porque conozco los síntomas y hasta donde llegan habría salido pitando a un hospital). Como no me llevé antihistamínicos (se supone que ya sé qué es lo que no debo comer y suelo mirar los ingredientes de todo lo que parezca sospechoso) tuve que pasar la reacción a pelo, como los machotes. Menos mal que después de vomitar no tardan en desaparecer los síntomas.
A las dos me puse en marcha otra vez, con algo de mal cuerpo pero en condiciones de seguir haciendo el guiri. Con calma fui a ver la National Gallery. Me gustaron mucho los cuadros de Turner y Constable, y algunas obras menores de Vermeer, Rendir, Van Gogh y Manet. El resto de la exposición la fui viendo de pasada, me saturo con facilidad en los museos de pintura. Tenían algunos cuadros del renacimiento italiano y algunos flamencos que me gustaron bastante, pero no me sonaban los pintores ni los títulos, y para días me voy a acordar…
Seguí hasta Westminster, haciendo fotos del parlamento y la abadía, pero posponiendo la visita porque la sala capitular ya estaba cerrada. Cogí el metro para dar un paseo por Lincoln’s Inn, Lincoln Fields (definitivamente el estilo Tudor me deja totalmente frío) y Royal Courts of Justice. Pasé por Fleet Street (como buen profesional de las artes gráficas hay que pasear por la calle donde William Caxton se estableció), rodeé Temple, pero como la iglesia estaba cerrada y tenía horarios muy raros no llegué a visitarla. También hice una paradita en la tienda Twinnings para comprar un par de paquetitos de Darjeeling y Gunpowder a la menta de los buenos (y caros).
Después de descansar un rato en el hotel salí otra vez a cenar pronto, porque con la puñetera alergia a las siete y media de la tarde aún estaba en ayunas.





