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7 Dic 2006

20/09/2006 | París

El día sale feo de nuevo, así que decidimos darnos la paliza de los museos, sin las cámaras, por supuesto. Lo primero es el Louvre, claro está. Nada más llegar me cago en el retrasado mental que tuvo la idea de plantar la mierda pirámide en todo el medio, en toda su familia y en los simios a partir de los cuales evoluc… los simios que le parieron. Ni con mala idea lo podrían haber estropeado más (¿ah, que no fue a mala idea? ¿está eso firmado ante notario?).

Bueno vale, entramos y procuro olvidar la bofetada en la cara que supone tan horrenda visión. Mando a mi padre a sacar las entradas y mientras me voy a babear un poco la librería del museo, que promete, a la cual cito a la salida. A todo esto mi estómago empieza a reclamar su segunda dosis matutina de Coca-Cola, nos la tomamos allí mismo en una cafetería. 4 euros, igual que en todas partes. Al menos eso de que estén por las nubes te permite tomártelas en cualquier sitio sin preocuparte del precio…

Y pa dentro, que no tenemos todo el día. Lo primero es lo primero, ni Monas Lisas ni espárragos en vinagre, a lo bueno, la colección de arqueología. Mecagontó cacho piezas tienen los condenaos, son tan ladrones como los ingleses (gracias a Alá, a saber lo que hubiera ocurrido si no…). Nos la tragamos enterita desde el principio hasta el final: babilonios, asirios, hititas, egipcios, fenicios, etruscos, griegos y romanos. ¿Lo mejor? Los toros alados y los bajorrelieves asirios. Esos tíos sí que sabían. Para mi sorpresa y agrado encontré otro cacho de la puerta de Ishtar, la mayor parte ya la vi en el arqueológico de Estambul (pequeñito pero matón, el mejor que he visto hasta el momento, aunque me falta el de Londres, claro). El código de Hammurabi es para mí algo así como el monolito de 2001, a partir de ahí el hombre se vuelve inteligente (bueno, quizás antes, pero no hay testimonios). Me resisto a tocarlo, además, siendo ya un genio si lo toco igual me vuelvo mono. Confirmo lo dicho sobre los asirios, los colegas saben un rato largo, “delito de tal… castigo la muerte, delito de cual… castigo la muerte…”. Aunque así les fue a los pobres hombres…

La colección egipcia estaba bastante bien, aunque se echan en falta más momias. Las había de bichos, de cocodrilos, peces, gatos… pero humanas sólo vi una. Hay que decir que una galería estaba cerrada, con tan mala suerte de que precisamente era en la que se expone el Libro de los Muertos, y me quedé sin verlo.

Avanzando unos cuantos siglos, me gustaron especialmente las estatuas griegas de Heracles (Hércules) y Artemisa. No soy un gran aficionado a la escultura, prácticamente sólo me gusta la griega y romana y algo de la renacentista. Pero ésta última, pese a ser más fiel a la anatomía, la encuentro un poco más tosca, la clásica la veo más fina, más delicada, hecha por hombres con un grandísimo sentido de la estética. Hablo desde un punto de vista estético más que técnico, debo aclarar. La Venus de Milo no me llama la atención, la verdad es que me gustó mucho más la Afrodita con Pan y Eros del arqueológico de Atenas, ésta última es mucho más femenina, y las curvas son menos “perfectas”, pero mucho más sensuales. La Victoria Alada de Samotracia es también una joya, pero los tropecientos guiris haciéndole fotos con el mierda móvil le quitan mucho encanto. De las esculturas romanas me quedo con los bustos de Marco Aurelio, el emperador filósofo.

De allí nos dirigimos a la gran galería, a ver que se cuece… Se cuecen centenares de guiris apelotonándose en la Virgen de las Rocas, que alcanzo a ver entre cabeza y cabeza, y la Mona Lisa, de la que paso como de la mierda. Hay que verla tras 6 o 7 hileras de guiris, que a su vez se encuentran a varios metros del cuadro, que no es muy grande que digamos. Y si no puedo apreciar el esfumatto no me interesa lo más mínimo. ¿Sonrisa enigmática? Venga va… en aquella época a esa mujer no le quedarían más de 6 ó 7 dientes… es un cuadro mediocre pintado con una técnica maestra. Para verla así prefiero verla en un libro de arte con buenas reproducciones.

Decepcionados por la gran galería decidimos ir a la búsqueda de la sección de pintores flamencos, que está en el último piso. Damos vueltas y más vueltas y no hay Cristo que encuentre las escaleras. Hala… vamos a tomarnos algo, que mi estómago vuelve a reclamar Coca-Cola. Bajamos, subimos, meamos… hasta que econtramos una cafetería en el interior. Una vez abrevados y sableados volvemos al ataque. Conseguimos encontrar la subida a la tercera planta y ya cansados vamos directos a la búsqueda de un pintor en concreto, Vermeer, que quería verlo mi madre. Las galerías están prácticamente vacías… si no ha salido en una película a la gente no le interesa, de hecho, la gente no lo conoce. Un puñado de turistas con buen gusto y un profesor de arte con sus alumnos, eso es todo con lo que nos cruzamos. A mi madre le gustó La Costurera, pero a mí el que me encandiló fue El Astrónomo.

Damos por finiquitado el Louvre y todo recto hacia la librería, a ver que hay… Nada… basura… tanto libro junto y nada decente. No tienen un puñetero catálogo de toda la exposición, tan sólo “Lo mejor del Louvre”, “Las obras más famosas del Louvre”, “El Codigo DaVinci y la madre que lo parió en el Louvre”. Y yo buscando como un desesperado aunque sólo fuera un catálogo de la colección arqueológica. Nasti de plasti. Dos libros de mala muerte sobre piezas griegas, con fotografías en blanco y negro muy mal reproducidas. Eso sí, chuminadas, llaveritos y pijadas las que quieras. En fin, hay que hacer honor a la verdad, libros académicos tenían unos cuantos, pero esos los encuentro en España y en cristiano. Así que a freir espárragos.

Como aún vamos bien de tiempo nos acercamos al Museo d’Orsay, que estaba cerrado, así que nos decidimos a comer pronto y aprovechar la tarde. Comimos cerca del Louvre, buscando alguna calleja para que el sablazo fuera menor, y no nos salió especialmente caro. Claro que comimos más o menos ligero, una buena lasaña, las Coca-Colas de rigor y un cortado, salimos por unos 13 euros por barba. Decididamente la gente no tiene ni idea de lo que habla cuando dice que comer en París es caro… si vas de pichiguay lo es, pero si tienes un par de dedos de frente y quieres ser capaz de seguir andando por la calle no gastas más que en España. Lo caro es tomarse un café… Mientras tanto urdimos una estratagema para la tarde.

Hacia el Museo Cluny de arte medieval, dijimos museos y museos serían. Este museo es una pequeña joya poco conocida. De hecho había más franceses que guiris en el interior, y estábamos bastante anchos. Es, ni más ni menos, el museo de arte medieval más importante de Europa. Lo cual viene a significar que lo es del mundo. El edificio es medieval, el Hôtel de Cluny, y está situado encima de las termas galo-romanas, de las cuales se pueden ver algunos restos desde fuera. Las primeras salas decepcionan un poco, pero lo mejor viene hacia el final. Todo hay que decirlo, las mejores piezas medievales están repartidas por todo el mundo, pero este museo esconde algunas joyas de mucho cuidado. A destacar: Las coronas visigodas españolas. Hay tres que salvaron los franceses, el resto se fundieron en Toledo para hacer monedas (¡Viva España, valuarte de la cultura porcina!), las vidrieras, un par de misales ornamentados, varios cálices y cruces, y la joya… la colección de tapices de La Dama y el Unicornio. Tiene una sala dedicada en exclusiva y embelesa a cualquiera. Decididamente es de lo que más me gustó de París, me llevé un libro, un estudio dedicado en exclusiva a la obra, y un puzzle para mi hermana. Me parece un crimen terrible ir a París y no ver La Dama y el Unicornio. Consta de cinco tapices del siglo XV, cada uno de ellos dedicado a uno de los cinco sentidos, y un sexto de significado misterioso, llamado “A mi único deseo”.

Para finalizar el día traca de fin de fiestas. Notre-Dame y la Santa Capilla. Notre-Dame debo decir que es mucho más interesante por fuera que por dentro. Por dentro está muy bien, cinco naves, columnas gruesas, vidrieras, el rosetón… Pero no es el interior que más me gustó de París, y la verdad es que por dentro prefiero mil veces Santa María del Mar de Barcelona. Tampoco es decepcionante, pero palidece en comparación con el exterior.

De allí a la Santa Capilla. A hacer cola… y a pasar por el detector de metales, porque hay oficinas del ayuntamiento en el edificio a través del cual se accede. La Santa Capilla… está bien… es muy bonita, pero… Está tan recargada… Es como una joya, muy superficial, deslumbra los primeros minutos, pero con tantísima vidriera no eres capaz de fijarte en detalles, desconcierta mucho. No estuvimos dentro mucho rato por eso, y porque de repente mi madre se dio cuenta de que nos dejamos los libros y el puzzle en el detector de metales. Mientras se van corriendo a recuperarlos aprovecho para comprar un par de recortables, uno de Notre-Dame y otro de la Santa-Capilla, también para mi hermana.

Después de eso, cansados, agotados, y encima lloviendo, volvimos al camping para cenar y descansar. Un día bien aprovechado.

7 Diciembre, 2006 at 23:35 by Jorge Orte Tudela

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3 Nov 2006

19/09/2006 | Burdeos - Parí­s

Salimos nada más desayunar camino a París. La entrada a la autopista nos brinda la última panorámica la ribera y sus… ¿en serio lo he dicho ya mil veces? IMPRESIONANTES, MAGNÍFICOS, INIGUALABLES Y SUBLIMES EDIFICIOS.

Au revoir Bordeaux, je me rappellerai vous a mon coeur.

La mañana ya se sabe, autopista, peaje, autopista, peaje, autopista, parada estratégica, autopista, peaje, peaje, aut… peaje, …

Comemos en un área de servicio, allí descubrí lo del pollo y los macarrones, porque el tramo es largo, y además hasta las tres de la tarde no tenemos el bungalow listo. Al entrar en París, nada más cruzar el Sena, nos confundimos en un giro y nos vamos en dirección contraria. Como aquello tiene pinta de alargarse mucho si poder dar la vuelta legalmente… pues la damos ilegalmente. Lo típico, descargamos las maletas, nos acomodamos un poco y pensamos lo que hacemos. El camping tiene un autobus que te lleva hasta la parada de metro de Porte Maillot, todo un detalle, porque la verdad es que cruzar el Bois de Boulogne por la noche no es recomendable, y además queda algo lejos para ir andando.

Tenemos una tarde de perros, el cielo cubierto y amenazando lluvia. Nos decidimos a dar una vuelta (sin las cámaras, que no hace tiempo para fotos) para hacer una inspección ocular y una primera toma de contacto, el destino, l’Ille de la Cité y Notre-Dame. Intentamos entrar, pero hay conciertos y está abarrotada de gente. Aún así lo intentamos, pero salimos inmediatamente porque no se podía mover uno. Rodeamos la catedral para ver esos arbotantes que tanto me gustan, y nos ponemos a buscar la entrada de la Sainte-Chapelle. Para tal menester damos la vuelta entera a la manzana un par de veces sin resultados… está bien escondida la condenada, pero sabemos que está ahí dentro porque se ve asomar la aguja. Algo no nos cuadra… Nos da la pista un cartel que anunciaba conciertos, y me quedé con las ganas oiga, ¡Las Cuatro Estaciones y las Variaciones Goldberg!. Siguiendo los carteles finalmente topamos con el de horarios, al lado de una puerta normal y corriente, que deducimos que es la entrada, porque a esas horas estaba cerrado. Bueno, por lo menos queda localizada. A todo esto se pone a llover, no demasiado, a intervalos, pero lo bastante para incordiar un rato. Nos metemos en un café de la plaza de Chátelet. Empezamos a sospechar que París es la ciudad del “todo a 4 euros”, y lo corrobaramos en los días sucesivos, da igual que estés en el centro o en la quinta puñeta, café au lait o coca-cola a 4 euros, 3,80 como mínimo. La esperanza de que las comidas siguieran la misma disciplina se desvaneció al día siguiente, soñar es gratis (y el café un lujo).


Paris skyline

Empieza a anochecer, estamos cansados del viaje, y como estamos decididos a amoldarnos al horario franchute nos volvemos a cenar al camping. Gente previsora como somos, a sabiendas de que somos tercermundistas en un país civilizado (de esos que además de precios europeos tiene sueldos europeos, vamos, lo que se dice Europa, pero de la de verdad, no la de chiste), nos llevamos embutidos y queso para las cenas, el pan y la Coca-Cola los compramos en el supermercado del camping cada día. El camping está a las orillas del Sena, y desde la valla se disfruta de una vista muy bonita de la zona de La Défense (la zona de negocios y rascacielos) iluminada por la noche.

A las diez ya estamos en la cama, que al día siguiente empieza la maratón…

3 Noviembre, 2006 at 22:52 by Jorge Orte Tudela

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3 Nov 2006

18/09/2006 | Zaragoza - Burdeos

El primer día de viaje madrugón, hasta la frontera no me enteré de mucho porque iba todavía medio dormido. Nada más cruzarla a pagar el primer peaje, 1,40 euros nada más entrar, para que te vayas acostumbrando a pagar hasta por respirar. Y ya saben estos franceses ya… te lo cobran antes de hacer el recorrido, y sólo un poquito para no asustar. De camino a Burdeos tienes otros dos peajes de este tipo y luego uno de los de coger ticket. Todo esto sin salir de la misma autopista…

Acostumbrado a la autopista Zaragoza-Barcelona, que cruza todo el secarral aragonés y los Monegros, la autopista francesa se hace mucho más entretenida, verde a ambos lados, arbolillos por todas partes…

Se nota que has salido de la barbarie para entrar en un país civilizado en cuanto paras en un área de descanso. En España te ponen cuatro bancos, un par de mesas, un contenedor de basura y da gracias. En Francia además de los comederos te plantan aseos (¡con duchas y todo oiga! Realmente útil para los camioneros), fuentes de agua, cabinas telefónicas… Y en las áreas de servicio, dependiendo del tamaño, tienes hasta 4 establecimientos y gasolinera, la típica tienda, dos restaurantes y cafetería. Igualico que en Áfric… España. Además la comida, sin ser una delicatessen de la cuisine fraçaise, no sabe a plástico. Vamos, que los macarrones con tomate saben a macarrones con tomate, y el pollo empanado no solo sabe a pollo empanado sino que hasta tiene textura de pollo empanado.

La llegada a Burdeos es espectacular. La salida de la autopista transcurre paralela al Garona, y si alguna vez un zaragozano ha pensado que el Ebro es un río grande volverá con un complejo de inferioridad incurable. Redios, cuantisma agua junta… Eso son ríos y no los meaos de borracho que tenemos en este país de ovejas y cerdos. Según vas avanzando te encuentras con un enorme edificio moderno, piensas “será la cámara de comercio o algo parecido”, pues no señor. Es el conservatorio de Burdeos. Una ciudad de poco más de 200.000 habitantes con un conservatorio veinte veces más grande que el de Zaragoza (y seguro que a nuestras flautas les faltan agujeros).

Mientras vas haciendo planes para pedir asilo político (¡por favor señores franceses, no dejen que me pudra en la barbarie española de la cruz y la espada!), y antes de que te de tiempo cerrar la boca y limpiarte las babas empiezas a ver los señoriales edificios abuhardillados de la ribera, se nota que es una ciudad rica, tantísima piedra sale cara. La estampa es preciosa, la más bonita de todo el viaje, sólo el mal tiempo y el cielo nublado la ensombrecen un poco.

Entramos en la ciudad camino del hotel, como ya es la hora de comer dejamos las cosas y comemos allí mismo. Es imperativo probar el vino de Burdeos, del que doy fe que su fama es justa y bien merecida. No soy un entendido, pero mi estómago sí, y protesta cuando los caldos que le brindo no gozan de calidad. Mi paladar, algo menos conocedor que mi estómago, alcanza a disfrutar de los diversos matices. Al no conocer las distintas bodegas nos decantamos por la sugerencia del día, que me recuerda mucho a mi apreciado Duque de Azahara del somontano de Barbastro.

Y tras la comida empieza la visita, sólo tenemos una tarde y no hay tiempo que perder, nos hacemos con un plano y localizo los puntos interesantes, puesto que con las prisas se me olvidó coger el listado que llevaba preparado, con tan mala suerte que vi dos iglesias que no valían un pimiento y me dejé dos de las importantes.


Catedral de Saint-André (Burdeos - Francia)

La catedral románico-gótica de Saint-André está a dos pasos del hotel, un poco sucia por fuera, algo más sobria que sus compañeras del norte, pero mira orgullosa al viajero desafiándole a descubrir su espléndido interior. Separada de la planta, junto al ábside, se alza una enorme aguja. Al parecer característica del gótico de la región, puesto que volvimos a encontrar otra en la basílica de Saint-Michel. El órgano al fondo y el coro junto al altar dominan la nave principal, mientras las vidrieras invitan a recorrer las dos naves laterales.

Pasando por la iglesia de Saint-Jean, que no merece comentario, continuamos el paseo por la céntrica rue Victor Hugo, que delimita el trazado medieval y esconde una preciosa puerta de la ciudad en una bocacalle. Bajando hacia el Garona, a mano derecha, la basílica de Saint-Michel nos espera. Su enorme aguja independiente, lamentabl… mejor dicho, afortunadamente en reformas, desvía la atención de la basílica, que no desmerece en mucho a la catedral, pero su belleza está oculta tras una centenaria capa de mugre. De ahí que celebre las obras de restauración que me jorobaron la foto. El interior es austero pero sobrecogedor, las vidrieras, modernas me temo, no aportan mucho, pero menos aportarían si no estuvieran allí.

Paseamos por la rivera contemplando los edificios (no me cansaré nunca de alabarlos) hacia la plaza de la bolsa, haciendo primero una parada en una terraza para tomar algo y hacer una visita estratégica a los aseos. “Le Grand Bar” es una cafetería con vistas privilegiadas y una decoración moderna, pero que sugiere la belle époqe. Las mesas están llenas de familias, parejas y un grupo de punkys que parecen un poco fuera de lugar, pero esto es Francia, no España. En nuestras tierra de ovejas y cerdos si le pides 4 euros por una coca-cola o un café a un punky se mea en el vaso y te escupe en el ojo, pero en Francia el sueldo mínimo es el doble que el español, y el precio de la vida apenas un 5-10% más caro (y lo sé de primera mano porque mi hermana ha vivido un año en Francia, lo de que Francia es mucho más cara que España es puro mito) exceptuando artículos y servicios de lujo, entre los cuales, al parecer, se encuenta el servicio en cafeterías. Las riberas están llenas de gente paseando, como se presta hacer un sábado por la tarde.

La plaza de la bolsa es preciosa, pero después de ver las riberas (¿he mencionado los edificios? ¿he dicho que nunca me cansaré de hablar de su magnificencia?) no impresiona tanto como esperaba. De allí al teatro hay dos pasos, y éste no se ve ensombrecido por nada. Está ahí plantado como diciendo “aquí estoy yo y toda esa chusma es la ciudad que me sirve de contexto”.

Buscando la iglesia de Notre-Dame paseamos por la zona comercial, repleta de boutiques con pinta de caras. La iglesia por fuera es maja, nada espectacular, pero bonita. Por dentro no vale un pimiento. Mucho más bonito es el viejo pasaje comercial que hay a su lado.

Se hace tarde, empieza a bajar el sol, y cansados de patear Burdeos con 13 kilos de equipo fotográfico a cuestas volvemos a cenar al hotel. De camino volvemos a pasar por la catedral, la dejamos atrás y de repente el sol, al bajar, sale de detrás de las nubes, iluminando el mejor ángulo de la catedral con mi luz preferida, la de un rayo de sol filtrándose entre las nubes. Ignorando el cansancio corro como alma que lleva el diablo antes de que se me pase la oportunidad para hacer la foto, y esta vez sí, volvemos al hotel.

Antes de dormir descubro horrorizado que el rollo de blanco y negro que he estado exponiendo estaba mal cargado (y es que esos maravillosos edificios distraen a cualquiera). He expuesto papel, y tras revelarlo hace un par de días descubrí que sólo se salvó una foto de un arbotante de la catedral. Afortunadamente el de color está intacto, pero sólo lo usé para la catedral. Así que de Burdeos pocas fotos me llevo.

A dormir prontito, que al día siguiente toca madrugar otra vez.

3 Noviembre, 2006 at 13:41 by Jorge Orte Tudela

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20 Oct 2006

Que se lo metan por donde les quepa

Ya puedo dar por cerrada la recepción de permisos para usar trípode. Pedí un total de 26, me han concedido 14, 2 me los han negado, 9 no han contestado y 1 de ellos, para los Jardines de Luxemburgo me lo concedían previo pago de 175 euros. Que les zurzan, todos los demás me lo han dado gratis de buen rollito (la concejalía de parques y jardines me ofrecía permiso para 400 y pico zonas verdes hasta final de año), a cambio en todo caso de una copia de las fotos (pero eso se lo ofrecí yo mismo desde el principio). Les dices que eres aficionado y que no vas a vender las fotos ni publicarlas y te quieren cobrar un pastón. Pues las haré sin permiso y a freír espárragos. Si me dijeran una pequeña tasa, yo que sé… 10 euros como mucho… pues bueno, pues vale… por las molestias (ya ves tú…) y para el mantenimiento, pero para pedir 175 hace falta tener lesiones cerebrales graves.

Y encima los elementos se han confabulado en mi contra, estoy mirando las predicciones del tiempo y la cosa pinta fea. Lluvia, lluvia, lluvia, chubascos, lluvia… Por lo menos hasta el martes. En fin, es el precio de haber querido ir en otoño, colores bonitos y lluvia a tutiplen.

Pues nada, esta noche a la cama prontito y mañana comienza la invasión.

20 Octubre, 2006 at 9:49 by Jorge Orte Tudela

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6 Oct 2006

Victoria

O casi.

He conseguido un buen puñado de permisos para hacer fotos con trípode en París. Tengo una nota de la prefectura de policía que dice que no necesito permiso para hacerlas en la calle, permiso para los jardines y parques que elija entre los cuatrocientos y pico gestionados por el ayuntamiento, para los jardines del Luxemburgo, para hacer fotos desde la torre Eiffel, las iglesias de Saint-Germain, la Madeleine, Saint-Eustache, Saint-Sulpice, el museo del Instituto Pasteur, para todo el patrimonio de la Diócesis de Burdeos…

Aún tengo unos cuantos pendientes de contestación, pero a estas alturas no creo que me los den. Por si acaso la próxima semana lo intentaré de nuevo.

Entretanto he encargado el material, me llevo 23 rollos de Fujichrome Velvia, 21 de Fujichrome Provia 100F, 4 de Kodak Plus-X 125, 7 de Ilford PanF Plus y 5 de Kodak Ektachrome 64T.

Además mi padre se llevará la F2, con otros 14 rollos de Fujichrome Provia 100F y 2 de Fujichrome Velvia 50.

Un máximo de 720 fotos. Me sobrará, pero más vale prevenir… en el último viaje hice cerca de 500.

Me he buscado la vida para averiguar las mejores horas de luz para cada monumento, ya sólo me queda organizar las etapas.

6 Octubre, 2006 at 10:45 by Jorge Orte Tudela

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27 Ago 2006

Pesadilla burocrática

Es lo que me va a tocar. Al parecer usar un trípode en París es más difícil que encontrar a Bin Laden.

En principio usarlo en la calle está permitido, pero muchos policías no se han enterado, así que, por si las moscas, toca pedir permiso a la Prefectura de Policia, que por lo que he visto te da una nota firmada en la que dice que no es necesario ningún permiso. Supongo que si se la plantas en la cara al policía de turno no habrá problemas.

Y después toca pedir para todos los monumentos… que no me dejarán ni en la mitad, pero oye, cuestión de echarle cara, el que no llora no mama.

Por pedir, voy a pedir hasta permiso para hacer fotos de la torre Eiffel de noche. Así me reiré un rato cuando me digan las tarifas… Aunque se supone que lo que está prohibido es la publicación de las fotos, no la toma en sí, al parecer los policías de la zona tienen por afición dar patadas a los trípodes de la gente que lo intenta sin autorización (si a algún listo se le ocurre darle una patada a mi Hassel el próximo mensaje sobre el tema igual lo escribo desde una carcel francesa…).

Menos mal que mi hermana habla franchute perfectamente, porque el mío está oxidadísimo.

27 Agosto, 2006 at 2:45 by Jorge Orte Tudela

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19 Ago 2006

De todo un poco

Hacía días que no escribía nada. Por fin ha llegado el fotómetro, a la tienda, ahora me lo tienen que mandar ellos a mí. Ya sólo se encuentran digitales, y no es que tenga nada particular en contra de los fotómetros digitales, pero es que yo necesito uno con una célula de sulfuro de cadmio y de esos sólo hay analógicos. Sí, parece raro, pero es la verdad. Las células fotoeléctricas de sulfuro de cadmio tienen sus inconvenientes, porque tienen “memoria”. Dicho de otra forma, después de hacer una medición a una luz muy intensa hay que dejarlas descansar un poco, porque si no se “acuerdan” de dicha medición cuando haces la siguiente, y la cagas. Pero tienen la virtud de ser capaces de hacer mediciones muy largas, en el caso del fotómetro que yo he pedido, de hasta ocho horas.

¿Y para qué quiero yo una medición de ocho horas? Pues para nada… pero de una hora u hora y pico sí, para usarlo con el telescopio. El chisme en cuestión tiene un accesorio para microscopio/telescopio, en el primer caso las relaciones focales pueden ser fácilmente de f/100, y en el segundo a veces fotografías cosas muy tenues que requieren mucho tiempo de exposición. A todo esto, primero tendré que dominar el maldito trasto (o más bien aclararme con las malditas estrellas para alinearlo, que el chisme dominarlo lo domino), entre que sólo lo puedo usar en fin de semana, que tienen la mala costumbre de salir nublados, y que me está invadiendo cierta pereza…

Por gustarme me hubiera gustado uno más antiguo aún, de los que no necesitaban pilas, así podría hacer fotos con independencia de la electricidad. Pero de esos creo que ya no se fabrican, y seguramente no fueran muy precisos.

Por otra parte ya estoy planeando el próxima viajecito. He conseguido convencer a mis padres para llevármelos también, que nunca han estado en el extranjero, salvo que consideremos el extranjero la ciudad francesa de Pau que nos cae más cerca que Barcelona.. Nos vamos a París la última semana de octubre, suponiendo que me den vacaciones, que supongo que me las darán, en esta asociación no son puñeteros con esas cosas. Iremos en coche y nos alojaremos en camping, nos sale por menos de la tercera parte de lo que nos costaría ir en avión y alojarnos en hotel (y más teniendo en cuenta que somos tres y habría que pagar un suplemento individual). Así que aprovechando que sale barato haremos una noche en Burdeos, a la ida, y otra en Poitiers a la vuelta, así aprovecharemos para ver el casco medieval y un par de castillos del valle del Loira. A mi se me ha metido en la cabeza parar también en Orleans, pero no creo que tengamos tiempo, serán 9 días y 8 noches, pero son unas cuantas horas de coche a la ida y otras tantas de vuelta… Intentaré conseguir un día más de vacaciones.

19 Agosto, 2006 at 20:57 by Jorge Orte Tudela

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