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9 Abr 2006

03/04/2006 | Gamarth - Túnez - Barcelona - Zaragoza

A las 6 arriba, a las 7:30 en el aeropuerto. A las 9:30 en el avión, a las 11:30 en Barcelona, y otros 300 kilómetros hasta Zaragoza.

Para mí en total 3.100 kilómetros de viaje en 8 días.

Esta vez los trámites de aduanas son mucho más rápidos. Paso de contrabando un dinar de cada, que está prohibido, pero tampoco te van a decir nada…

9 Abril, 2006 at 22:11 by Jorge Orte Tudela

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9 Abr 2006

02/03/2006 | Sfax - El Djem - Túnez - Cártago - Sidi Bou Said - Gamarth. 2.500 kilómetros


El Djem, anfiteatro romano (Túnez). S. III d.C.

Un día interesante, primero visitamos el coliseo de El Djem, casi intacto, en el que se rodaron las primeras escenas de lucha de Gladiator. Tiene forma oval, y la curiosidad de que ha sido edificado sin aprovechar ninguna ladera, lo cual resultaba más complicado. Una obra de ingeniería muy avanzada. Llegamos nada más abrir, lo cual me facilita hacer algunas fotos con muy poca gente, pero enseguida se llenó. Las primeras luces del día me permitieron hacer unas fotos muy chulas del exterior, pero en el interior las sombras lo estropeaban todo. Vemos las celdas de los leones, paseamos por las gradas, y nos dejan un rato a nuestro aire. Después de vuelta al coche, que hay que salir rápido hacia Túnez.

Volvemos a visitar la medina, y vemos la mezquita, desde fuera eso sí, porque ya estaba cerrada cuando llegamos. Paramos a comer de camino a Cártago. Una vez allí vemos las ruinas púnicas, de las cuales queda más bien poco. Algún resto de muro, restos de una escuela, algún resto del sistema de agua corriente, algún suelo de mosaico, militares fusil en mano vigilando que no hagas fotos al palacio presidencial que está al lado…


Termas de Antonino (Cártago - Túnez). s. II d.C.

Al entrar no puedo resistirlo, lo tengo que decir… ¡Delenda Carthago! Pero no saben qué narices digo… ains… pobre Catón…

Al menos está todo bastante cuidado, lo han convertido en un parque con florecillas por todas partes. Seguimos hacia las termas romanas de Antonino, que están mejor mucho conservadas. A fin de cuentas no fueron “delendadas”. Termino el carrete de blanco y negro y cargo uno de color, al rato me doy cuenta de que estaba exponiendo película de 100 a 50 asa… ¡epa! Durante el tiempo libre vuelvo a hacer las fotos mal expuestas. Entre las cosas curiosas están las piedras que lanzaron los romanos con las ballistas para arrasar la Cártago fenicia, varias columnas aún en pie, y algunos capiteles corintios. Y por supuesto unas buenas vistas con el mar al fondo. No puedo resistir la tentación… tengo problemas con la autoridad, infringir la ley es como una droga, miro al un lado, miro al otro… ningún militar a la vista… asumo el riesgo y “¡clack!”. Foto al palacio presidencial. La pena era de uno a cinco años de prisión, a cumplir íntegros.


Puerta en Sidi bou Said (Túnez)

Después vamos a lo que menos me llamaba la atención del viaje, pero en donde hice unas cuantas buenas fotos. Sidi Bou Said, un pueblecito andaluz, de estos de casas encaladas y puertas y ventanas azules. Demasiado lleno de guiris, pero me las apaño para hacer fotos sin gente, sobre todo de puertas, y a decir verdad, mucho mejores que las postales que venden. Finalmente un té con piñones en el único café que hay, sendados descalzos sobre esteras, y con una chicha (cachimba) que nos ventilamos entre Imed y yo, que el resto eran unos rancios y no quisieron probarla con la excusa de que no fuman. Nunca he conocido a ningún no-fumador que se haya arrepentido de probar el tabaco aromático en pipa de agua, NUNCA, pero estos no quisieron ni probarlo… Hasta mi hermana y mi cuñado, que eran muy reticentes, se amorraron a la cachimba en Estambul, y es que no tiene NADA que ver con el tabaco normal y corriente. NADA.

Finalmente al hotel, cansado y agotado de tantos kilómetros, y nostálgico del desierto y los pueblecitos bereberes del sur.

9 Abril, 2006 at 22:08 by Jorge Orte Tudela

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9 Abr 2006

01/04/2006 | Gabes - Toujene - Matmata - Sfax

Por la mañana visitamos el mercado de especias de Gabes. Ya estaba algo cansado de mercados, así que tampoco me dijo nada en especial. Aprovechamos para comprar té, pero no en el mercado, que lo venden demasiado seco, sino en un ultramarinos al que nos llevó Imed. Como curiosidad también tenían quesitos de La Vaca que Ríe.

El el mercado nos intentan vender platos y morteros de madera de olivo. El mercader desiste cuando le explicamos que somos españoles y que eso lo tenemos ya muy visto. En cambio nos fue persiguiendo un menda que quería vendernos una piel de oveja… ¿y yo para qué narices quiero una piel de oveja? Pues nada, que cuando volvimos al coche, ya dentro, aparece de nuevo, y al final consiguió endosárselo al matrimonio.


Paisaje tunecino, cerca de Toujene (Túnez)

Seguimos hacia lo interesante, a Toujene, otro pueblo bereber. Pero no llegamos a entrar, tampoco es que hubiera mucho que ver. Paramos en un par de miradores, lo bonito de ahí era el paisaje. Y seguimos subiendo por los montes hasta llegar a Matmata. También es un pueblo bereber, pero en éste las casas están excavadas en el suelo, como pequeños cráteres, y las habitaciones excavadas en las paredes. El motivo es doble, por un lado conservan una buena temperatura a lo largo de todo el año, y es verdad, se estaba bien fresquito aunque afuera hacía unos 30 grados, por el otro, una tribu árabe en busca de rapiña no podía verlo desde lejos. Ahora hay una casa normal al lado de cada casa excavada, al parecer los hijos de los dueños de las casas originales no querían vivir en ellas (memos…), pero tampoco querían irse lejos de la familia, así que edificaron un casa al lado de la de sus padres (ya verán cuando vuelvan las épocas de pillaje y rapiña…). Los nietos ya se han largado a las grandes ciudades, en busca de fortuna. Pues yo de buena gana me habría quedado con los dromedarios y las cabras… pero qué bien se está en esas casitas… y además son de lo más cucas.

Visitamos la casa de la señora Fátima, de la cual ya hablé en un post anterior, y después la granja de tío Owen y tía Berun Lars, los padres adoptivos de Luke Skywalker, que tras la victoria de la alianza rebelde contra el imperio ha sido transformada en un hotel.

Igual que las casas ha sido excavado en el suelo. Conserva parte del decorado, y en el bar tienen un álbum de fotos del rodaje y recortes de prensa relacionados con Star Wars.

Continuamos a Sfax, son muchos kilómetros y apenas hacemos alguna parada técnica. Llegamos a media tarde, damos una vuelta por la antigua medina amurallada. Más mercadillos por todas partes, pero estos más interesantes. En cada calle se vende algo distinto, especialmente interesante la lonja de pescado. Vimos tiburones chiquitines para comer. El resto más o menos lo habitual, pero nada guiri. Sfax es la ciudad industrial más importante de Túnez, todo es moderno, menos la medina, porque fue casi totalmente arrasada durante la Segunda Guerra Mundial. Nos dan una hora libre para dar un paseo alrededor de las murallas, y nos acercamos también al puerto, que no tenía nada interesante, todo industrial. En Sfax se refina petróleo, se trata el gas natural y se procesan los fosfatos que vienen de las minas del sur.

9 Abril, 2006 at 21:49 by Jorge Orte Tudela

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9 Abr 2006

31/03/2006 | Ksar Ghillane - Chennini-Tataouine - Medenine - Djerba - Gabes

Aún no ha salido el sol cuando desayunamos. Antes de salir a la pista paramos a recoger un poco de arena. Como yo la había recogido el día de antes aprovecho para hacer más fotos. La luz resultó ser excepcional, pero no había tiempo para adentrarse entre las dunas, así que las fotos resultaron más bien sosas.


Chenini-Tataouine, pueblo bereber (Túnez)

Continuamos el viaje, hacia el pueblo bereber de Chennini-Tataounie. Es precioso. Vamos, no es que las casas sean bonitas, son de piedra, y del mismo color que la ladera de la montaña. Además fueron destruidas por una gran riada en el 69, pero es precioso por su localización, entre las montañas. Tiene unas vistas magníficas, y se respira una tranquilidad envidiable. Las casas se camuflan con la montaña, para evitar ataques de las antiguas tribus árabes, que a lo lejos no lo distinguían de la ladera. Del mismo modo no ponen lápidas en los cementerios, sino piedrecitas unas encima de otras. Donde hay lápidas hay un asentamiento, y así evitaban también los ataques.

El pueblo lo habitan bererebes. Los hombres salen a pastorear los camellos temprano, y las mujeres se quedan a cargo de la casa y pastorean las cabras por los alrededores. Cada dos o tres semanas uno de los hombres deja el ganado a cargo de otro pastor, y vuelve tres días al pueblo para visitar a la familia, y así se van turnando. Las mujeres bereberes no se cubren la cara, pero se hacen tatuajes, de jena, o permantes, para asustar a los malos espíritus. Originariamente eran una sociedad matriarcal, y todavía han quedado muchísimas reminiscencias culturales que lo evidencian. Pero eso es tema para un tratado de antropología, no para el relato de un viaje. A los bereberes les gusta la ropa de colores chillones, sobretodo el rojo, y por eso contrastan mucho con sus vecinos de cultura árabe.

Llegamos junto al camión frigorífico que les lleva pescado una vez a la semana, las mujeres mandan a los niños a comprarlo abajo, junto a la única tienda del pueblo. Tienda de alimentación, se entiende, también hay una de recuerdos, que a la vez es el bar del pueblo (¿dónde se ha visto un pueblo sin bar?). Aparte de eso sólo hay tres edificios que se salgan de lo normal, un restaurante para turistas, un ambulatorio, también para turistas, porque los bereberes no se fían de la medicina occidental, y una escuela primaria para los niños. El resto son viviendas, y la mezquita, por supuesto. Arriba del todo vimos a un chaval montando un puesto de bebidas, para los turistas, supongo. Nos llamó mucho la atención, porque parecía escocés. Ya no me acordaba… los bereberes originales eran de piel pálida, rubios o pelirrojos. Este era pelirrojo, pecoso y blanquísimo de piel. Tenía auténtica sangre bereber en las venas. Entre tanto oímos a una mujer hablando con su hijo, el guía nos comentó que no entendía ni papa. Hablaban bereber, y ocurre como con el euskera, que nadie tiene ni repajolera idea de su origen, es otra de esas lenguas que no proceden de ninguna otra conocida. Posiblemente anterior a la influencia lingüística indo-europea. La cultura bereber es milenaria, a fin de cuentas.


Ghorfas en Medenine (Túnez)

Me hubiera gustado quedarme más tiempo en este pueblo, de hecho es una de las paradas que más me gustó de todo el circuito, pero había que seguir adelante, hacia Medenine, para visitar las Ghorfas. Realmente quedan muy pocas, Medenine es una ciudad más o menos grande, y más o menos modernizada. Es una ciudad rural, pero disfruta de la mayoría de comodidades de las ciudades grandes. Las Ghorfas que quedan son muy poquitas, y están rodeadas de tiendas turísticas. Antiguamente eran graneros, pero después se empezaron a habitar, y de hecho aún lo están. Cada “casa” se compone de tres habitaciones, lo que no me explico es como hacen para subir a las de arriba sin matarse… pedazo de escalones.

Continuamos dando un paseo por el “mercado libio”. Básicamente un barrio lleno de tiendas para que los libios que cruzan la frontera con gasolina de contrabando compren productos que en su país son más caros. Nada especialmente interesante.

Continúa el viaje, esta vez hacia la isla de Djerba, a la que llegamos a través de una vieja calzada romana, ahora asfaltada, que la une al continente. La supuesta isla de los lotófagos de la Odisea, un supuesto paraíso terrenal… o más bien una completa decepción. Una mierda de complejo turístico de playa, plagado de hoteles, restaurantes y tiendas. NADA de interés, excepto la sinagoga, que es centro de peregrinación para los judíos. Es bonita, pero como no dejan usar flash las fotos me salieron movidas, o con zonas quemadas por el alto contraste de luces y sombras. A la entrada te hacen pasar por el detector de metales. Lo saqué todo excepto un carrete de fotos, porque no iba a pitar en el detector, pero nada, que el policía no me dejó ni intentarlo. A cachearme… Paso por el detector y el otro policía se empeña en que soy árabe, que al parecer tienen prohibida la entrada. El guía le saca de dudas, y termina de convencerse cuando me oye hablar cristiano. Están cagados de miedo porque hace años hubo un atentado con un camión cisterna de gas. Para entrar hay que descalzarse, y te encasquetan el gorrito ese que se ponen los judíos, y eso sí, todo lleno de militares fusil en mano, por si las moscas.

El resto de la isla una mierda. Tiendas por aquí, y tienda por allá. Se nota que es zona turística, los mercaderes intentan estafarte mucho más de lo habitual. Pero con nosotros no lo consiguieron. Aproveché para comprar una chilaba, negra, de mala calidad, porque negras había pocas, y de mi talla aún menos. Me pedían 60 dinares por ella… la compré por 18, eso sí, consiguió convencerme de que me llevara una camisa de lino. Me pidió 78 dinares, y eso después de haber regateado la chilaba. Pues la compré por 20. Tuvimos que salir de la tienda indignados para que aceptara nuestros precios, el tío empeñado en “precio bancarrota”, “naranjas de la china” le decíamos, “y si queremos te la compramos por 10″. También me engatusaron en una joyería. Pasaba del tema totalmente, pero es que tenían unas cruces tuareg bien monas… plata de baja calidad, eso sí, pero a fin de cuentas ni los tuareg ni los bereberes tienen pasta para trabajar plata de ley… 40 dinares. El precio ya dice que muy buena no es, pero el guía me dijo que el diseño es auténtico (no me lo he llegado a creer del todo, pero es posible), que los dibujos tienen significados aunque él no tiene ni idea de cuales. Bueeeeeeeno, tampoco es mucho dinero, así completo el atuendo tuareg. En otra tienda nos hacen una demostración de alfarería… leñe… que somos españoles… que sabemos como se hace un jarrón de barro… Finalmente tomamos el ferry para volver al continente.

Seguimos hacia Gabes, pero hacemos una buena parada. Habíamos insistido tanto que al final cedieron, nos pararon en una carnicería de carretera, para comer dromedario a la brasa. ¡No se puede ir a Túnez y largarse sin haberlo probado! Vimos como nos lo cortaban y como lo hacían en la barbacoa, al lado de la mesa. Nos lo trapiñamos “al estilo bereber”, como mandan los canones de toda cultura que se considere civilizada, con las manos, sin cubiertos. Ya está bien de finuras, la carne de barbacoa se come con los dedos y no hay más que hablar. Todo lo demás son chorradas para finolis. Y está bien rico. Sabe a cordero, pero tiene la textura de la ternera, y muy poquita grasa, pues se almacena toda en la joroba. Lo malo es que tiene bastante nervio y a ratos es difícil de masticar. Al lado había dos camellos atados, que debían estar esperando a que pasara el veterinario para ir a parar a las tripas de algún contrabandista libio o carretero tunecino. Se pone el sol cuando continuamos hacia el hotel, esta vez nos dejan descansar, al día siguiente sólo hay que levantarse a las 8.

9 Abril, 2006 at 21:24 by Jorge Orte Tudela

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9 Abr 2006

30/03/2006 | Tozeur - Sidi Bou Hallel - Chott el Djerid - Douz - Ksar Ghillane

Otra vez arriba a las 6 de la mañana. Menudos madrugones me pegué en este viaje, al menos así conseguí disfrutar de buena luz de mañana para hacer fotos.


Mausoleo de Sidi bou Hallel (Túnez)

Antes de entrar al Chott paramos en el mausoleo de Sidi Bou Hallel. No es un destino turístico, ni tiene nada de especial, pero está al lado de una garganta muy chula, y se disfruta de buenas vistas. Lamentablemente la luz desde un ángulo tan inclinado me fastidió las fotos de la garganta, que quedaba en unas sombras muy feas. Pero la aproveché bien para fotografía el mausoleo y algunas composiciones con el suelo pedregoso.


Lago salado de Chott El Djerid (Túnez)

Después cruzamos Chott El Djerid. Apenas se vio un amago de espejismo, cuando el sol empezaba levantarse un poco. Por el camino vimos un autobús hundido. Era de un grupo de turistas franceses se salieron de la carretera por una pista para contemplar los espejismos, y al parecer se adentraron más de la cuenta. El autobús empezó a hundirse y tuvieron que enviar varios coches para recogerlos. El autobús no pudieron remolcarlo, se había hundido demasiado. Y es que este lago es traicionero. El suelo es de sal cristalizada, parece sólido, pero debajo hay agua, y cuanto más te alejas de la carretera más peligro hay de hundirse. De hecho la carretera hay que reconstruirla cada 5 años, porque se va hundiendo poco a poco. En Chott El Djerid hay algunos manantiales, casi todos a lo largo de la carretera, producto de la excavación, los de más adentro no se pueden visitar, porque desde el incidente del autobús está terminantemente prohibido salirse de la carretera. A un lado el agua tomaba tonos verdosos, producto de la abundancia de cobre, y al otro rojizos, a causa del hierro, se supone que también los hay azul cobalto, pero esos no los vimos. Los manantiales van cristalizando la sal poco a poco, por precipitación. Lavarse las manos en ellos es mejor que usar una crema exfoliante. Se te quedan blancas y suaves por la sal. La pena es que han estropeado el paisaje con siluetas de camellos, como los toros de Osborne de las carreteras españolas, pero en cutre (más aún), y alguna barca ocasional para hacer la broma del “lago”.

Seguimos por la interminable carretera, totalmente recta, hasta Douz. Tenemos suerte, es jueves y hay mercado semanal. Así podremos ver el mercado de ganado. Primero paseamos por los puestos de verduras, especias y hortalizas. Casi no hay turistas, así que la estampa es más auténtica. El guía nos va enseñando los productos, que si aceite de oliva, que si romero, que si hinojo… Y paramos delante de un beduino, sentado en una estera. Vendía retales de lana de camello para hacer jaimas, mantos de algodón y un barnouz. Mi barnouz. El guía me lo puso por encima como demostración. Es un manto de lana de dromedario con capucha, muy tosco, pero eficaz. Pesa cerca de 5 kilos, y doy fe de que protege del frío, la arena, la lluvia y si te descuidas hasta de explosiones nucleares… Cuando me lo quita le pregunto cuánto vale. Se me queda mirando con cara rara y le pregunta al beduino (que obviamente no habla más que árabe, y quizás bereber). Después de una charla un tanto larga para consultar un precio me enseña los de algodón, pero que no, que yo quiero el de lana de dromedario. Parece que no entendía para qué narices lo quería, pero al final me dice “80 dinares”, y como allí no se acepta regateo los pago sin rechistar, y bien contento. Después nos acercamos a un médico berebere, que vende sus remedios a base de hierbas en el mercado. En realidad hay tres, uno no estaba, y el otro no tenía clientela, porque el que vimos nosotros es el más famoso y acapara a todos los enfermos. Yo siempre me he fiado de las hierbas medicinales, aunque no sirvan para todo, en general son tan eficaces, o más, que los comprimidos que venden las mafias farmacéuticas.

Seguimos el paseo hacia el mercado de ganado. Auténtico. Cabras, ovejas, cabritos, caballos… sólo quedaba un dromedario, y estaban en pleno proceso de regateo. Lo típico, mirándole los dientes y demás. Lamentablemente fue horas más tarde cuando me di cuenta de que estaba exponiendo un carrete de 50 asa a 100, todas las fotos sobreexpuestas. De todas formas al verlas no me gustaron tanto, pensaba que iban a quedar mejor, así que la pérdida no ha sido tan grave.

Douz es conocido como “las puertas del desierto”. Y de hecho hay una puerta, al cruzarla sólo ves el mar de arena. Al lado hay un monumento enorme, con forma de llave. Todo el mundo lleva puesto pañuelo/turbante, porque en cualquier momento se puede desatar una tormenta de arena sin previo aviso. Insistimos mucho preguntándole al guía si pagando un suplemento podríamos disfrutar de una, amanecer con un palmo de arena encima de la tienda daría algo más de vidilla al viaje. Pero parece ser que no, que no está en el catálogo. Escribiré una carta sugiriendo que la añadan en las próximas excursiones. Después del viaje fuimos a comprar los pañuelos. El típico de la zona es azul índigo, y son los únicos que se pueden encontrar de buena calidad. Pero a mi no me iban mucho, sacrifiqué calidad a cambio de color. El mío es negro. No había azul oscuro tuareg, pero el negro da el pego, aunque da mucho calor. El caso es que tampoco se veían muchos pañuelos azules por la calle… más bien blancos o negros.

Terminamos las compras y cruzamos la puerta del desierto, para hacer el paseo en dromedario. Te enchufan la chilaba por encima y el pañuelo. De horribles colores chillones, verde, amarillo o rojo. Como nostros llevábamos los nuestros no nos hizo falta. Hacía mucho viento y la arena se te mete por todas partes. El conductor nos puso los turbantes a modo tuareg, y nos dijo que si se levantaba mucho viento nos cubriéramos toda la cara, que podríamos ver a través de la tela. A tanto no llegué, pero si que me lo tuve que subir hasta los ojos, y aún con las gafas de sol los llevaba entrecerrados, porque se metía mogollón de arena. Aunque es muy guiri lo del paseo en dromedario me gustó mucho, al principio vas rígido y parece que te vas a caer por un lado a cada paso que da, pero enseguida te haces al movimiento. Es que vas sentado sobre el culo del dromedario, con la joroba por delante, y cada vez que mueve una pata te inclinas hacia el lado contrario. Cuestión de relajarse y amoldarse a su paso, a los pocos minutos ya estaba haciendo fotos sin sujetarme con las manos. La experiencia vale la pena. El mar de arena, el sol, el viento y el silencio, sólo interrumpido por el ruído que hacen los dromedarios cuando… ¿balan? ¿braman? como quiera que se diga… El ruído que hacen es impresionante, parecen monstruos, y cuando estás montado encima de uno notas como vibra todo su cuerpo. Aunque los dueños no te alejan mucho de Douz, lo justo para que se oculte detrás de las dunas, la sensación es auténtica.

Al volver se me quedaron mirando un grupo de franchutes, normal… ellos llevaban sus horripilantes pañuelos de colorines y tragando arena por todas partes, porque no les habían explicado como ponérselos para taparse. Nosotros íbamos bien cubiertos, y además yo molaba más que ellos, todo de negro. Ya puestos me chuleé un poco, ellos iban agarrados como si la vida les fuera en ello, y yo me dediqué a hacer fotos sujetándome sólo con las piernas. Durante el paseo se acercaron algunos mendas disfrazados, para hacerles la foto y pagarles luego, pero no piqué el anzuelo. Uno de ellos nos insultó llamándonos “españoles”. Debemos ser los únicos que no pican… Será que llevamos muchos años de experiencia con el turismo a la espalda y ya nos las sabemos todas…

Comimos allí mismo, en Douz, en otro hotel. Es lo peor del viaje, que comes de buffet, todo occidental. Algo de cus-cus ocasionalmente y algo de repostería local.

Después partimos hacia Ksar Ghillane, en medio del mar de arena. Un rato por carretera, y el resto por pistas de tierra. El recorrido es bonito, vas dejando atrás la maleza, pasar por los pastos de los beduinos y de repente todo es arena y dunas. A mitad de camino, en la pista, hay un bar de carretera, el único. Paramos y el conductor se pidió un bocadillo. El pan es parecido a la masa de pizza, en pequeño, y dentro lleva queso, atún y jalisha, una salsa picante. Me dio a probar un cacho, y estaba tan rico que aunque llevaba la tripa llena de la comida me pedí otro, por gula.


El Gran Erg Oriental (Túnez).

Llegamos al campamento y nos acomodamos en las tiendas. Poco después subimos a la torre de observación, para contemplar el paisaje. El cielo nublado otra vez… fotos de mierda… Pero por suerte al caer el sol apareció tras las nubes, y por fin pude hacer fotos comos dios manda. Menuda luz cogí entre las dunas. Desde ese momento el guía empezó a llamarme “el japonés”. Mientras los demás se sentaban en las dunas para ver el sol ponerse poco a poco yo iba correteando de aquí para allá, tirándome por los suelos, de duna en duna, buscando la foto. “Aquí no que hay pisadas”, “aquí tampoco que hay basura”, “aquí ni hablar que hay huellas de los 4×4″, “¡aquí, aquí! desde aquí mola”. Y a la vez protegiendo la cámara de la arena. Es tan fina que se levanta con poco aire que haga, y se mete por todas partes. ¡Incluso tuve que cambiar de carrete a mitad! Afortunadamente, porque fue entonces cuando me di cuenta de que había estado sobreexponiendo las fotos por no cambiar la sensibilidad del fotómetro. Otra vez a correr de aquí para allá. Lo de cambiar el carrete fue una aventura, protegiendo la cámara con mi cuerpo. Cuando acabé ya tenía los zapatos medio enterrados en la arena. Y es que no has estado en el desierto si no lo pisas descalzo y no muerdes arena. Lo segundo es muy fácil, basta con cerrarla con fuerza, y ella hará lo posible por meterse. Los siguientes tres días seguirás mordiendo arena aunque hallas dejado las dunas lejos.

A pesar de que la arena incordia lo suyo, creo que no he visto nunca nada más bonito que la fina arena del desierto, subiendo y bajando las dunas. En todo momento había una corriente de unos tres dedos de altura, valía la pena quedarse un rato sentado contemplando como se van borrando las huellas conforme la arena las va cubriendo, sin parar. Después de estar un rato hipnotizado te das cuenta de que la arena ha empezado a enterrar tus zapatillas, y que se está acumulando a tu espalda. Cuando el sol estaba ya demasiado bajo para hacer fotos me entretuve mirando como unos cuantos escarabajos se enterraban para dormir. Ya había visto a alguno en el campamento. Vi unas huellas minúsculas y decidí seguirlas a ver si averiguaba de qué bicho eran. Y efectivamente, eran de escarabajo. Cuando lo encontré estaba escarbando, haciendo un agujerito en el que se meten, y después empiezan a cubrirse de nuevo. Para protegerse, supongo que del frío, la arena, los pocos depredadores que hay… porque alguno tiene que haber. Donde hay escarabajos hay plantas, y donde hay plantas hay un ecosistema completo. Supongo que alguna serpiente o algún pajarillo basará su dieta en los escarabajos.

Tras ponerse el sol los que quisieron se bañaron en las aguas termales. A mi no me va el rollo, y estaba preocupado por la cámara, me fui a la tienda a limpiarla a fondo. Redios si había cogido arena… Por suerte por dentro no entró nada. La Nikon F2 es una todoterreno, para que luego hablen de las tecnologías modernas… lo que no aguante esta cámara no lo aguanta ninguna otra. Y los objetivos igual, por fuera llenos de arena, y entre el filtro ultravioleta y la lente también. Pero por dentro, en los anillos de enfoque, NADA. Totalmente limpios. En cambio el 70-300, que es moderno, tiene arena dentro, en el anillo del zoom. Lo tendré que llevar a limpiar, y lo jodido es que no salió de la bolsa…

Después de la cena fuimos un rato a mirar las estrellas. Se veían muchísimas, pero la verdad es que me decepcionó un poco. En los Monegros, volviendo de Barcelona por la noche, he visto más. Y desde el valle de Tena en los Pirineos todavía más. Supongo que en parte las eclipsaban las luces del campamento, y en parte la arena de la atmósfera. Les enseñé a localizar la estrella polar y a distinguir Orión, explicando las principales estrellas y la M42. Y vale, que tampoco sé más… soy muy novato en la astronomía. Como tenían frío (en cuanto hace un poco de aire ya tienen frío…) y yo estaba un poco decepcionado nos volvimos a las tiendas para dormir.

Al día siguiente, para variar, a las 6 arriba.

9 Abril, 2006 at 19:20 by Jorge Orte Tudela

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9 Abr 2006

29/03/2006 | Tozeur - Chebika - Mides - Tamerza - Mos Eisley - Tozeur

Todavía medio dormidos vamos hacia el palmeral de Tozeur, nos dan una vuelta en calesa por el palmeral. La nuestra la tiraba una yegua llamada Sabrina, y la de las dos mozas un caballo llamado Yawara. Que significa “joya”, yo ya lo sabía porque me acordaba del personajillo de “La Joya del Nilo”, Al-Yawara.

Recorremos a pie una parte del palmeral, mientras el guía nos va explicando el sistema de cultivo. Muy apañado para una zona desértica con escasez de agua. El agua la sacan de pozos artesianos y manantiales de aguas termales, se deja enfriar con el aire y ya se puede usar para regar. Se cultiva en tres niveles. El más alto el de las palmeras, obviamente. Tozeur vive sobre todo del cultivo de dátiles, que tienen fama de ser los mejores de Túnez, translucidos, gordos y dulces. Yo no puedo dar fe porque me dan alergia. Cada familia tiene una hectárea de media, y contratan a alguien para que se encargue de regar, polinizar las palmeras y recoger la cosecha. Se lleva un 20% de los beneficios. El segundo nivel de cultivo corresponde a los árboles frutales, granadas, palmeras plataneras, naranjos y limoneros. El personal contratado también se lleva el 20%. Y en el tercer nivel, a ras de suelo, se cultivan legumbres, verduras y hortalizas. Este cultivo pertenece por entero al agricultor. él se lo guisa, él se lo come. Si la familia propietaria de las tierras quiere legumbres se las tiene que comprar. Se ayudan entre ellos para aligerar las tareas, así se juntan cuatro o cinco para polinizar, o recolectar una parcela, otro día hacer la de otra familia, etc…

Nos hicieron la típica demostración de como se suben a las palmeras, que no tiene nada de especial. Simplemente trepan alto, con los pies descalzos, para que con el tiempo se les haga callo, porque con calzado es muy difícil subir.

Después dimos un paseo por la antigua medina. Nos explicaron el sistema de picaportes de las puertas. Hay tres, el de arriba a la derecha es para los hombres, el de arriba a la izquierda está hueco para que suene distinto, y es para las mujeres. El de abajo a la derecha para los niños, más pequeño. De este modo, según el sonido, las mujeres saben si pueden abrir la puerta con tranquilidad o hablar desde detrás. Aunque hoy en día utilizan timbres eléctricos como todo hijo de vecino.

Salimos a “la plaza del pueblo”, con sus puestos de verduras y dátiles, y la calle mayor, plagada de tiendas de recuerdos. Volvemos pronto al hotel para comer y descansar un poco.

A medio día salimos hacia los oasis de montaña, cruzamos el pequeño lago salado Chott El Gharsa. Salimos a esa hora para poder contemplar los espejismos, que sólo se ven cuando el sol está muy alto. Y se vieron, vaya si se vieron. Al fondo se veía una turbulencia azulada que parecía el mar. En realidad había montañas, pero no se veían. También vi unas pequeñas manchas irreconocibles que parecían moverse, pero según íbamos avanzando por la carretera desaparecieron y se volvieron a ver las montañas. Antes de eso vimos otro rebaño de dromedarios, con crías y todo. Mamá dromedario se había cansado de dar de mamar a bebé dromedario, pero éste no se daba por aludido y seguía intentándolo. Mientras, otro se rascaba el cuello con los postes de luz.

Estos pastos son muy curiosos, hay vegetación baja, hierbajos y matas, pero el suelo es arenoso, se hacen dunas en miniatura. La carretera está protegida por vallas de ramas de palmera, que contienen la arena cuando hay tormentas, y evitan que la carretera desaparezca, literalmente, bajo la arena.

Paramos en el oasis de Chebika, a cierta distancia. Mejor para hacer la foto. Estamos ya en la parte más baja de la cordillera del Atlas, justo donde acaba. La altura máxima ronda los 700 metros, aunque parece más alto, porque Chott el Gharsa está bajo el nivel del mar. No entramos al palmeral, porque, según dice el guía, al ser natural, las palmeras están muy apelotonadas, y además vamos algo justos de tiempo.

Continuamos por una serpenteante carretera de montaña, que construyó Rommel, “El Zorro del Desierto”, para invadir Argelia a través de Túnez. Pasamos por delante de Tamerza sin parar, y continuamos hasta el cañón de Mides, de 30 metros de profundidad. Lamentablemente la vista buena me queda a contraluz, hice un par de fotos por probar pero, como me imaginaba, han quedado mal. Para acceder a la vista “de postal” hay que pasar un estrecho sendero, de esos en los que no te caben los dos pies juntos, con la pared a un lado y el vacío al otro. Servidor se ha criado en los Pirineos, y esas minucias no me suponen ningún problema. En uno de los chiringuitos para turistas vendían las, más que típicas, rosas del desierto, así como minerales. Amatista y mica, sobre todo. También había unos pedruscos que el guía aseguraba que eran meteoritos. Pero tenían una pinta muy artificial… y parecían demasiado grandes. Una roca de un palmo de diámetro aún monta un cisco considerable al estamparse contra la tierra. Si lo hubiera visto claro me habría llevado uno, pero no tenían buena pinta, la verdad. Muchos meteoritos había ahí…


Oasis de Tamerza (Túnez)

Volvemos hacia el oasis de Tamerza y su cascada. Un poco decepcionante la cascada, tres metros de altura como mucho, y de un palmo y medio de anchura. Claro, que en medio del desierto es toda una singularidad. Pero yo estoy acostumbrado a las del valle de Ordesa, y esa me supo a poco. Aún con todo pude hacer fotos muy chulas en esa zona, ya tenía esa luz dorada que me gusta a mí. Y como la cascada quedaba en sombra los colores quedaron muy saturados, con gran cantidad de matices. Eso sí, todo lleno de chiringuitos para guiris. Aunque había más tunecinos remojándose que turistas. Elegimos buenas fechas.

Paramos en un mirador para sacar la postal del pueblo abandonado de Tamerza. Menuda mierda… se había empezado a nublar. Con buena luz la foto habría quedado muy bien, pero con el cielo nublada, cagada al canto.

Después continuamos hacia las pistas de Airiguette y Oung Jemel, para hacer un poco el cabra con el 4×4. Pero sin pasarse, que nuestra pareja de jubilados ya tenía suficientes emociones fuertes con las pistas de piedra y tierra como para hacerles el Paris-Dakar. Nos detenemos para contemplar una vista de Chott El Gharsa, en la que conseguí los segundos de luz necesarios para hacer un par de fotos aceptables. Y después…


Mos Eisley (Tatooine)

Cruzamos un vortex interdimensional y llegamos a un remoto planeta situado en el borde exterior de una galaxia, muy, muy lejana. Entramos en los dominios de Jabba el Hut y el todopoderoso Sarlac. En el mar de dunas del Gran Erg Oriental se encuentra Mos Eisley, el puerto espacial más despiadado de la galaxia. Llegamos cuando el resto de turistas ya se estaban largando. Así que pude sacar fotos esperando tan sólo a que se apartaran los vigilantes del lugar, porque al parecer las legiones de fans se habían dedicado a profanar los restos de la ciudad santa en el pasado, arrancando trozos de decorado por doquier. De todas formas, el universo ya no es lo que era… ya no se encuentran alienígenas tocando jazz en la cantina.

Nos quedamos a ver la puesta de sol, el resto de guiris se habían ido. Porque no saben el gran secreto de todo buen fotógrafo postalero, las puestas de sol más impresionantes se consiguen cuando el cielo está bastante nublado. Tras las fotos de rigor busqué desesperadamente al todopoderoso Sarlac, para sacrificar a los guías y al resto del grupo, pero me temo que ya debía haber comido, porque no dio señales de vida.

Volvemos hacia Tozeur, haciendo una breve parada en Nefta, ya de noche, que era el pueblo del guía. A dormir, y mañana será otro día.

9 Abril, 2006 at 18:09 by Jorge Orte Tudela

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9 Abr 2006

28/03/2006 | Gamarth - Kairouan - Tozeur

A las 6 de la mañana arriba, empieza el circuito. Desayuno a base de colacao, plástico con sabor a queso y plástico con sabor a mortadela. Pero al menos es plástico de mejor calidad que el que servían en el hotel de Atenas… Al menos el queso sabe a queso.

Nos espera una jornada de casi 500 kilómetros. Recogemos al resto del grupo en el otro hotel, además del matrimonio de Barcelona vienen dos mozas de Murcia. Un grupo pequeño, mejor que mejor. Presentaciones oficiales y demás protocolos. Nuestro guía se llama Imed y es natural de Nefta, el conductor se llama Chams y es de Gafsa.

Cogemos la autopista y se nos informa de que más o menos cada hora haremos una parada técnica para mear, fumar y echar un café. Lo de fumar fue recibido con especial alegría, éramos 4 carreteros contra 3 sanotes. La primera parada la hacemos en un área de servicio, me pido un capuchino, que allí se llama “direct”, y me compró unas galletitas con mermelada de piña. Es una costumbre mía probar algún snack, galletas o “mata-gulas” similares de cada país.

De camino a Kairouan, al salir de la autopista, oímos al guía gritarle al conductor “¡Escorpiones!”, y se ponen el cinturón de seguridad a toda prisa. Allí llaman “escorpiones” a los “maderos”. Se esconden detrás de un matorral para pillar a los desprevenidos conductores que conducen sin cinturón. La escena se repitió en varias ocasiones a lo largo del viaje. No nos pararon ni una sola vez, a los turistas los cuidan, a los tunecinos ya no tanto.

Llegamos a Kairouan y nos explican que en cada ciudad hay un monumento a la entrada que simboliza algo típico del lugar, en el caso de Kairouan las alfombras. Es parte de la política del gobierno para fomentar el turismo en el sur. Paramos en el mausoleo/mezquita del Barbero, Sidi Sahbi (señor Sahbi), quien al parecer fue el barbero de Mahoma, y le cortó los tres pelos que se exhiben en el palacio de Topkapi de Estambul.

Nada más bajar del coche me acosan los vendedores de recuerdos, empeñados en ponerme unos colgantes horribles, que según ellos son gratis. No me lo trago y me empeño en devolvérselos, pero nada, que no hay manera. ¿Gratis? Pues gratis… y me piro, pero que no, que ahora mi piden una moneda pequeña, vuelvo a intentar quitármelo y siguen dale que te pego con que es gratis pero que les de una moneda pequeña. Al final cedo para quitármelos de encima, pero los tíos jetas me intentan meter la mano en el monedero, alguna moneda vi que se llevaban, con más bien poco arte, porque se les veía a la legua. Así que lo escondo rápido y me largo de ahí sin mediar palabra, ya me dejan en paz, han conseguido rapiñar un par de monedas y se dan por contentos.

En el mausoleo tenemos la mala suerte de encontrarnos con un grupo de chavales españoles, de viaje de estudios… En mis tiempos íbamos a Mallorca, qué bien viven ahora… Pero el guía nos adelanta a varios sitios, para luego volver, y así tengo la posibilidad de hacer algunas fotos (pocas), sin gente por medio.

Continuamos hasta la gran mezquita, de la que sólo se puede visitar el patio. La sala de rezos está reservada para los musulmanes que peregrinan. Siete peregrinaciones a Kairouan equivalen a una a la Meca, y así los que no pueden costearse un viaje hasta la Meca tienen su oportunidad para cumplir como buenos musulmanes. Pero sólo sirve si realmente no puedes ir hasta la Meca, y además hay que ir ex-profeso a rezar, nada de hacer turismo. Kairouan es la cuarta ciudad santa del Islam, y también peregrinan algunos musulmanes que ya han ido a la Meca. Llegamos un poco antes que el grupo del viaje de estudios, así que aprovecho que no hay mucha gente para hacer las fotos.

Después nos llevan a un “taller artesanal de alfombras”, que viene a ser una tienda de alfombras que tiene un par de telares para que los guiris veamos como las hacen. Llegamos a la hora de comer y no había nadie tejiendo, pero el “Sr. Lorenzo” nos hace una pequeña demostración. El Sr. Lorenzo debe de cambiar de nombre según la nacionalidad de los turistas… Como buen vendedor busca su objetivo entre las víctimas más probables, conmigo ni lo intenta, es obvio que no voy a comprar una alfombra. Pero consigue vender una a una de las mozas. Bueno, en cualquier caso el show vale la pena, ver el proceso del regateo es como estar en el teatro.

Después damos una vuelta por el mercado y la medina, el guía nos va enseñando los productos, dándonoslos a probar y oler, etc… Y finalmente comemos en el hotel Kasbah, que, como su nombre indica, está situado en los restos de la antigua Kasbah, de la que sólo queda un trozo de muro original. Afuera hay aparcados varios coches viejos tipo escarabajo, dos caballos, etc… Pero pintados para rally. Y es que en abril se celebra un rally por Túnez, a estilo París-Dakar, pero más modesto. Durante todo el viaje vimos varios coches y motos que estaban entrenando.

Continuamos el viaje hasta Tozeur, con las paradas técnicas de rigor, explicaciones breves sobre la industria de las ciudades que pasamos, etc. Poco antes de llegar, hacemos una parada junto a un rebaño de dromedarios. Un poco más lejos se ven las jaimas de los beduinos que los pastorean. Allí me doy cuenta de que me han reservado la noche del desierto en el campamento cutre, que, aunque era un poco más auténtico, había recibido tan malos comentarios que me decidí por el de lujo. Sobretodo porque no me gusta compartir tienda con ocho desconocidos llevando encima la cámara de fotos. Al día siguiente llamé a la agencia y me lo solucionaron todo sin problemas.

Llegamos a Tozeur y nos dejan en el hotel, mientras tanto el guía se va a visitar a su hermana y su cuñado, que viven ahí. Antes de cenar el conductor me lleva a comprar tabaco, y después me deja en la terraza de una tetería, con Imed, su cuñado y el padre de su cuñado. Así que me invitan a tomar un té a la menta y a fumar en chicha. Ellos fuman tabaco con miel, yo estoy más acostumbrado a los tabacos aromáticos, pero con miel no está mal. Algo más fuerte.

Cenamos en una carpa montada para guiris. “Cena típica berebere”. Aunque de berebere tiene más bien poco… me apunté porque iban todos, por no quedar como el rarito, y porque nos dieron el precio para todos los extras, y no por separado. No me apetecía dar la paliza, y además era una de las pocas oportunidades de probar la gastronomía local. Realmente ridículo… que si zumito al entrar, que si escupefuegos, que si espectáculo con escorpiones y serpientes inofensivos… Nada, las chorradas típicas. Cenamos sopa de semola, cus-cus y brick, que es como el wan-tun chino, pero en vez de carne lleva queso, atún y huevo (también se hace con otras cosas). Por supuesto barra libre de vino, si no no sería un espectáculo para guiris en condiciones. Musiquita por aquí, bailoteos por allá… Lo único que me llamó la atención fue un grupo de nubios, que altos son los jodíos…

Y a dormir… que al día siguiente a las 7 arriba.

9 Abril, 2006 at 14:32 by Jorge Orte Tudela

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8 Abr 2006

27/03/2006 | Zaragoza - Barcelona - Túnez - Gamarth

El vuelo se hace muy corto, apenas dos horas, menos de lo que me cuesta ir hasta Barcelona por la autopista. A la llegada me espera la interminable cola para pasar la aduana. Los policías de aduanas son leeeeentos, y no parecen tener la menor prisa. Además se entretienen más rato con los tunecinos que con los turistas. Me pongo en una cola al azar, que no se mueve lo más mínimo… así que me cambio a otra que parece que va más rápido, porque al final hay dos policías en lugar de uno. Efectivamente, cuando llego a la aduana la cola en la que estaba antes aún no se había movido.

En el avión te dan una tarjeta que hay que rellenar, nombre, apellidos, profesión, dirección, número de pasaporte, dirección en Túnez… Y hay que rellenarlo por duplicado, una para la entrada y otra para la salida. Pues bien, yo no tengo ni idea de cual va a ser mi dirección en Túnez, así que lo dejo en blanco. El policía de aduana me llama la atención, y le tengo que aclarar en mi tosco inglés que no tengo ni repajolera porque voy de circuito. Sin más problemas me deja pasar, recojo la maleta, que lleva ya buen rato fuera de la cinta transportadora, y a buscar al guía. Pasé de contrabando un Tigretón y una Pantera Rosa que me comí de postré después de la cena.

Lo típico, hola qué tal, muy bien, y esperamos al resto del grupo, que es un matrimonio barcelonés recién jubilados. De camino al hotel el guía nos recomienda que en cuanto dejemos las maletas cojamos un taxi a la medina, porque el último día no nos dará tiempo a verla con tranquilidad, pero que no le digamos nada al guía que nos acompañará por el circuito, porque se pueden molestar (con él, con nosotros no).

Así que eso hacemos, como vamos a hoteles distintos nos dejamos los móviles y quedamos. Cojo un taxi para ir a buscarlos a su hotel, que estaba a dos minutos. Empieza el show. Me tengo que entender con el taxista, en un chapurriao de inglés, francés, español e italiano. Y explicarle que no voy al otro hotel para visitarlo, sino para recoger a más gente… De camino a la medina toca negociar el precio. Primero se empeñaba en hacernos un tour por la medina, Cártago y Sidi bou Said. Pues nada, a explicarle que no, que eso ya lo tenemos en el circuito y qué sólo queremos la medina. Como nos entendemos a duras penas las negociaciones continúan los 30 minutos del trayecto, y es que los hoteles no están en Túnez capital, si no en Gamarth, que es la zona de complejos de playa al lado de la capital. Finalmente acordamos que por 30 dinares nos hace el trayecto de ida y el de vuelta, esperándonos durante dos horas, o dos horas y pico. No es especialmente caro, y además no nos cobra hasta que nos deja de nuevo en los hoteles, así que aceptamos.

Al entrar en la medina, mientras esperamos a cruzar, nos pregunta uno que si somos españoles, que si acabamos de llegar y esas cosas. Yo no habría dicho nada, y de hecho no lo dije, pero el matrimonio este les cuenta que sí, que tal y que cual. Y nos pregunta en qué hotel estamos. Después nos dice por donde ir para ver un mercado de artesanía, cosa que no hacemos y nos metemos por donde nos da la gana.


Gran mezquita Ezzitouna en la medina de Túnez

Dentro de la medina nos saluda un señor en español, dice que ha visto al matrimonio en el hotel, que trabaja de recepcionista y que va de vuelta a su casa. Sí…. claaaaaro… Que nos lleva por la medina hasta que llegue a su casa. Bueno, otro buscavidas, mordamos el anzuelo. Nos da un paseo y nos lleva a la tienda de su “cuñado”, pero sorprendentemente no nos hace parar, dice que solo para a saludar (ya…), saluda también a un policía que es un “primo” suyo. Se dan dos besos y veo que el policía se parte el culo de risa, “otros guiris que han picado” debía estar pensando. De ahí nos lleva a la tienda oficial de alfombras del gobierno, desde cuya azotea hay una buena vista de la mezquita y la medina. Vale la pena haberse dejado engañar.

De vuelta nos lleva otra vez a la tienda del cuñado, aguantamos el show pero no compramos nada. Le dejamos 5 euros de propina a nuestro “guía”, que los esconde rápidamente para que no lo vea el de la tienda, supongo que para que no le pida comisión, y seguimos dando una vuelta por nuestra cuenta.

Entre pitos y flautas se hace la hora y decidimos volver hasta el taxi. No sabemos donde estamos exactamente, venga a mirar planos, que si es por aquí, que si es por allá… Hasta que me canso y les digo que me sigan, que yo los saco de la medina. No tenía ni idea de dónde estábamos, ni por donde se sale, pero el caso es que tengo una habilidad especial. NUNCA me pierdo, SIEMPRE encuentro la salida a la primera. Y efectivamente, así fue. Tira paquí, ahora por allá, et voila. De vuelta a la puerta de Francia, el sitio por el que entramos.

Una vez conseguí perderme. Fue en el barrio gótico de Barcelona, tenía que esperar dos horas a un amigo y no sabía que hacer. Así que decidí perderme para saber lo que se siente. Me costo casi una hora, dando vueltas por callejas hasta que conseguí perder totalmente la orientación. Disfruté un rato de la sensación y en cinco minutos encontré la salida.

Cena en el hotel, encuentro con el guía que me estaba buscando y a dormir.

8 Abril, 2006 at 21:09 by Jorge Orte Tudela

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5 Abr 2006

¡Ridiela!

¡Ridiela! ¡Qué difícil es hacer fotos en Túnez!

Ya las he recogido, de momento he visto tres cuartas partes de los 12 carretes de color que hice. El fotómetro engaña que da gusto… qué cantidad de fotos mal expuestas… Pero bueno, aún con todo he empezado la pre-selección y de momento ya doy por buenas más que en cualquier otro viaje. Hay un tres o cuatro maravillas, unas cuantas buenas y un buen puñado de fotos correctas.

Las que peor han salido han sido las de paisaje, o sale mal el cielo, o sale mal el suelo, o no tienen interés alguno. De las dunas tengo unas cuantas excepcionales. El resto en la media.

El escanista me va a matar… le voy a llevar las fotos de poco en poco para que no se asuste, habrá que ir digitalizándolas con mucha calma, mañana espero poder colgar una o dos de las buenas.

5 Abril, 2006 at 0:35 by Jorge Orte Tudela

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3 Abr 2006

De vuelta

Hoy mismo he vuelto del viaje. Me parece que no voy a poder poner el diario, porque me lo dejé en un hotel de Gabes, intentaré hacer memoria para reconstruirlo, pero habrá pequeños detalles que seguro que se me olvidan.

Me lo he pasado chachi. En total han sido 2.500 kilómetros en 6 días, porque la primera tarde la pasamos en Túnez y hoy el avión salía a las 9:30 de la mañana.

Tuvimos la suerte de ser un grupo muy reducido, 5 turistas, Imed, el guía, y Chams, el conductor. Una grandísima ventaja, porque los grupos grandes, que pueden llegar a ser de 22 coches, sólo llevan un guía. Y así lo hemos tenido todo para nosotros, y podemos flexibilizar un poco los horarios y salirnos un poco del programa. Nosotros hicimos, de forma extraordinaria, una breve parada en Nefta, aunque ya de noche, que era el pueblo de nuestro guía. Y una parada en una carnicería de carretera para comer dromedario a la brasa (sabe a cordero, pero tiene textura de ternera, y está muy rico).

Además, Imed nos ayudó mucho en las compras, nos llevó a las tiendas donde compran ellos para las especias y el té, nos consiguió algún regateo en tiendas en las que en principio no lo aceptan, y nos decía en qué ciudad o pueblo había que comprar para conseguir mejor precio o mejor calidad. También nos invitaron a algunos cafés y tés. La verdad es que se portaron estupendamente.

Lo mejor de todo es, sin duda, el Gran Erg Oriental, el mar de dunas, aunque sabe a poco. El resto del Sahara es más convencional, a ratos se parece a los Monegros, a ratos mezcla de pastos y arena, a ratos todo pedregoso, y por supuesto los Chott, los lagos salados (que apenas tienen unos pocos charcos de agua). Comprendo a los beduinos, que no se quedan en las casas que les regala el gobierno y siguen en sus jaimas, el desierto enamora.

Del resto del viaje lo que más me gustó fue… aparte de todo… el pueblo bereber de Chenini-Tatauine, situado en la ladera de una montaña. Lo habitan bereberes pastores, tiene una sola tienda a la que llega pescado una vez por semana. Un bar-tienda de recuerdos y un restaurante para los turistas. Una escuela para los niños, y un ambulatorio médico, también para los turistas, porque los bereberes no confían en la medicina occidental, y sólo acuden a médicos naturistas bereberes y sus remedios a base de hierbas (todo hay que decirlo, no es mala idea, salvo en casos graves o complicados… en muchas ocasiones proporcionan lo mismo que las pastillitas de los laboratorios, pero a precios morales).

También me gustó mucho el mercado semanal de Douz, la puerta del desierto, especialmente el mercado de ganado, auténtico… Pero me temo que las fotos no van a salir bien, se me olvidó cambiar la sensibilidad del fotómetro al cambiar el carrete. En este mercado me compré un “barnouz”. Es un manto para refugiarse del frío del desierto por las noches. Tiene una capucha, está hecho de lana de camello, protege de la lluvia, el viento, el frío y la arena, pesa sus buenos 5 kg y te cubre enterito. Me costó 80 dinares (50 euros), pero es una compra auténtica. Se lo compré a un beduino en el mercado, no tenía más que uno, el guía me explicó más tarde que se tardan varios meses en fabricarlo, por supuesto, a mano. El beduino en cuestión no terminaba de entender para qué narices quería un turista un barnouz, y me ofrecía otros de algodón, que aunque eran muy majos, se parecían demasiado a los que venden en las tiendas de guiris. Pero yo quería algo auténtico, aunque sea más “feo” (a mí me gusta más…). Casi no me cabe en la maleta de lo grande que es. No volví a ver ningún otro en todo el circuito… como que sólo los usan los beduinos y los tuareg, los únicos lo bastante chalados para vivir en medio de las dunas (y cualquier día de estos me uno a la juerga…).

También me gustó mucho El Djem, el coliseo donde se rodó Gladiator, está casi intacto, y las ruinas de Cártago. Me habían dicho que había tan poquito que ver que me esperaba aún menos. A mí, como me gustan los piedros viejos, me supo a gloria.

Otra visita muy chula fue la de la casa troglodita de la señora Fátima en Matmata. Son casas excavadas en el suelo, como la granja de Luke Skywalker (de hecho se rodó en el hotel de Matmata), y la mar de fresquitas. Además de la visita por las habitaciones la señora Fátima prepara el mejor té a la menta y el mejor pan bereber que probé en todo el viaje, mojándolo en aceite de oliva está riquísimo. La señora Fátima es una bereber a la antigua usanza, tiene la cara cubierta de tatuajes permanentes desde hace 50 años, es muy hospitalaria y le gusta que los turistas se pasen a ver su casa, según dice, así los guías le dan algo de charla y le cuentan como van las cosas fuera de su pueblo. Pues la buena señora Fátima, a sus 70 años, sigue viviendo en su pueblo natal, pastorea sus cabras todos los días, y según dice no cambiaría su casa ni su modo de vida ni por un millón de dromedarios ni por todo el mundo entero, aunque sus nietos empiezan a insistir en que se mude a la ciudad para cuidarla. Además no pide dinero por las visitas, su única condición es que sean grupos pequeños, y que dejen alguna moneda pequeña de vez en cuando como muestra de buena voluntad, pero rechaza más de un dinar por persona y no pide a los turistas que no le dejan nada, aunque les ofrece igualmente el té y el pan. De hecho el guía tiene que pedir permiso para entrar con el grupo, que suele conceder siempre de buena gana tras echar un vistazo al número de turistas.

En general es un viaje muy bien aprovechado. La lástima es que se recorren muchos kilómetros y algunas visitas son demasiado rápidas, pero no puede ser todo… Lo mejor es que ves el Túnez auténtico, no el de complejos turísticos de playa. La gente del sur, a pesar de ser algo más estricta con el islam (tampoco una barbaridad, se ven mujeres jóvenes vestidas al estilo occidental por todo el país), es mucho más amable y hospitalaria que la de las zonas de playas. Allí van al negocio del turista, y te llegan a insultar si no les compras, no aceptar regateos por debajo de precios de estafa, etc…

Como una noche y un par de tardes de dunas y arena saben a poco estuve preguntándole al guía. Al parecer ellos hacen otras rutas que no se ofertan desde España, con otra agencia. Cuatro veces al año, dos en primavera y dos en otoño, hacen una ruta para grupos limitados hasta el sur profundo, hasta los campamentos tuaregs. Son 10 días de 4×4 por el mar de arena, y dos de descanso en las playas de Djerba. Se duerme en jaimas (de verdad, las del campamento eran bungalows de tela), en bases militares y campamentos tuaregs. Servidor lo hará, no sé si el próximo otoño, el próximo año, o cuando, pero lo hago seguro.

Por lo demás, las fotos están en el laboratorio, mañana por la tarde me las dan, y el miércoles espero poder empezar a digitalizar y colgar las primeras.

3 Abril, 2006 at 20:33 by Jorge Orte Tudela

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