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10 Ago 2008

Segunda visita a Expo Zaragoza 2008


Expo Zaragoza 2008.

Hoy tocaba la segunda visita a la Expo, bajo un sol de justicia que ha hecho que nos retiremos un poco antes de lo previsto.

Como en la visita anterior decidimos no hacer colas, en esta nos ha tocado chuparnos alguna que otra. Si no recuerdo mal he visto los pabellones de: Japón, La Rioja, pabellón puente, África Subsahariana, Afghanistán, Comunidad del Caribe, Malasia, Corea, Aragón, Malta, Chipre, Indonesia, Filipinas, Dinamarca, Grecia, Nigeria y Angola. He querido entrar al de Andalucí­a, pero había bastante cola y sólo entraban unos poquitos cada vez, hemos calculado que habría que esperar más tiempo aún que para el de Japón y nos hemos ido.

De momento, en mi opinión, el pabellón kazajo sigue siendo el mejor, pero de los que he visto hoy me han gustado especialmente:

- Aragón: La exposición en sí­ es una chorradilla, mucha foto y poca chicha, la tienda está muy bien, aunque obviamente no voy a comprar más caro lo que puedo comprar todos los dí­as. Lo que hace que este pabellón sea el que más me ha gustado hoy es el cortometraje de Saura, realmente bueno. Una sucesión de imágenes, cinematográficas y estáticas de las tierras de Aragón, aderezadas con música, y para finalizar Miguel Ángel Berna y su fusión de la jota aragonesa con el ballet. Impresionante, y siendo como soy, aragonés con denominación de origen, he tenido que reprimir alguna lagrimilla que se me quería escapar. Además del corto se proyectan imágenes en el suelo, y hay expuestas varias obras de “arte” de mano del comisario de la exposición, Miguel Marcos (viejo conocido en mi empresa, tuve ocasión de ver lo que iba a traer meses antes de la inauguración).

- Japón: Al principio accedes a una sala de proyección con tres pantallas, una al frente y dos a los lados, en la que se emite un cortometraje de animación en el cual un kappa, ser mitológico del agua, cruel y sanguinario en la tradición pese a la simpática y ñoña apariencia del personaje del corto, explica lo ecológica que era la Edo (Tokyo) de los siglos XVIII y XIX, reclicaje de residuos, uso civilizado del agua y ese tipo de cosas, fundiéndose poco a poco en un ciclo del agua en las estaciones japonesas. No está mal, pero lo más interesante es que al final la pantalla se abre en dos y revela una cascada artificial. El efecto es bastante espectacular, especialmente porque no te lo esperas en absoluto. Desde allí­ se accede la exposición, que, como es habitual en la Expo, es una chuminada, pero te dan un insñipido té fresquito aromatizado con naranjas de Valencia (pero insí­pido, y soy un gran amante del té).


Expo Zaragoza 2008

- El pabellón puente: Destaca la arquitectura, de mano de la iraní­ Zaha Hadid. La exposición es otra bobadica, pantallas emitiendo imágenes por todas partes, pero en conjunto con la arquitectura moderna del pabellón hace un efecto muy futurista, casi de película de ciencia-ficción.

- Comunidad del Caribe: Han tratado de recrear el clima mediante humidifacores, aunque dada la alta concentración de cloro del agua que han usado (que se huele desde fuera) el resultado es más parecido al de una piscina cubierta. En la sala principal se ha recreado una calle caribeña con edificios coloniales, siendo, creo yo, junto al de Kasajistán, el más currado en decoración.

Los de Nigeria, Malasia y Filipinas son majetes, por contenido má¡s los dos primeros que el segundo, con reproducciones (casi reproducciones) de viviendas tÃípicas, y una decoración también interesante. El resto ni fu ni fa, alguna foto bastante impresionante en Afghanistán (y bastantes tirando a malas), algo de decoración en Grecia, y poca cosa más que destacar.

El tema gastronómico en esta ocasión ha sido nefasto, hemos comido en el autoservicio, que ya derrochamos mucho en la otra visita, y ha sido “una vez y no más”. Me ha recordado la comida de mi colegio (de hecho en mi colegio se comía algo mejor), no es que gastes mucho dinero, y las espectativas se reducí­an a “comida de batalla”, pero aún así­ la relación calidad-precio es absurda. Al margen de eso me traí­do una botella de vino retsina del pabellón de Grecia, a ver qué tal.

Y en esta ocasión sí­ que me he llevado cámara, pero habrá que esperar a que las revele el próximo fin de semana.

La imagen general sigue siendo la de la anterior visita, más bien decepcionante, hay cosas que están bien, sí­, pero en conjunto la Expo es bastante floja. La cosa es que cuando haces una hora del cola para entrar a un pabellón a la salida te preguntas “¿habrí­a hecho esta cola para ver esto si hubiera sido una exposición individual y no hubiera estado en la Expo?”. Y la respuesta es, en la inmensa mayoría de los casos, “no”. Y es que los audivisuales no están mal con moderación, pero si se hace una exposición a base de audiovisuales y pantallas táctiles es que hay poca chicha que ofrecer. Me revienta “ver la tele” en una exposición. No obstante en general está mucho mejor que el Forum de Barcelona, allí sí­ que me sentí­ estafado.

10 Agosto, 2008 at 17:34 by Jorge Orte Tudela

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2 Ago 2008

Visita a Bodega Blecua (Viñas del Vero)

Supongo que es ley de vida que cuando uno se empieza a aficionar al vino no tarde en querer visitar las instalaciones de una bodega. El enoturismo parece estar en auge, algo bastante normal si tenemos en cuenta la mejora de la calidad de los caldos españoles en las últimas décadas y la moda impuesta por los californianos y su Napa Valley.

Mi primera visita a un sagrado templo báquico, digo… bodega, no podía ser otra, mi región favorita, y no porque sea mi tierra (mentira, en primer lugar es porque la cabra tira pal monte, pero me importa un huevo): el somontano de Barbastro (D. O. Somontano), y obviamente mi bodega favorita: Viñas del Vero.

Es mi favorita por varios motivos, el primero de todos es porque fueron sus vinos los que me introdujeron. Ocurrió un sábado por la tarde, disfrutando de una relectura de Los tres mosqueteros. El caso es que en la novela los colegas se pasan más tiempo dándole al borgoña y al burdeos que esgrimiendo el florete, y el cuerpo me pedía tintorro. Bajé corriendo al super y me hice con una botella de Viñas del Vero Merlot Colección 2000, botella que aún reposa vací­a en la estanterí­a de mi salón. Calentorro como me lo bebí me enamoré, y desde entonces he probado todas las añadas, siempre acompaña y siempre acompañará el asado de ternasco que hacemos en casa el dí­a de navidad, y mire usted, habrá merlots mejores (y muchísimos peores), pero es mi merlot.

Y al grano, la visita no ha sido a las instalaciones de Viñas del Vero propiamente dichas, sino a la de Bodega Blecua, que es una empresa distinta, pero con los mismos propietarios y el mismo enólogo, Pedro Aibar, de modo que aunque no sea necesariamente cierto desde un punto de vista fiscal se podrí­a decir que es una especie de filial. Por un lado me da un poco de pena no haber visitado las bodegas donde se producen esos vinos que tanto me gustan, pero por otro lado Blecua es más bonita y menos industrial.

La visita empieza en Viñas del Vero, en la carretera de Barbastro-Naval, a unos 4 kilómetros de Barbastro junto a Bodegas Pirineos y Lalanne. En la tienda hacen una pequeña introducción a la zona y las empresas. Viñas del Vero empezó sus andaduras en 1986, fue la primera y más grande (en producción) bodega de la D. O. Somontano, puesto que fue la que renovó la imagen de la zona e impulsó la creación de la denominación de origen. Fue creada con capital del Gobierno de Aragón, Caja de Ahorros de la Inmaculada, Sociedad Minera Aragonesa y Catalana e Ibercaja, y recientemente ha sido adquirida por el grupo González Byass. Su primera añada apareció en el mercado en 1990, y desde entonces se ha convertido en una de las bodegas más conocidas dentro Aragón, casi como estandarte del somontano, eclipsando durante un tiempo (al menos entre el consumidor medio) a otras D. O. aragonesas como Cariñena, Calatayud y Campo de Borja. Produce una amplia gama de vinos, desde los básicos jóvenes: Tinto, Blanco y Rosado, los básicos de crianza: Crianza y Chardonnay, hasta los vinos de autor: Gran Vos y Clarión, pasando por su amplia gama de monovarietales de pagos únicos de la serie Colección: Cabernet-sauvignon (pago “Los Sasos”), Merlot (pago “El Ariño”), Syrah (pago “Las Canteras”), Pinot Noir (pago “Las Almunias”), Chardonnay (pago “San Miguel”) y Gewürztraminer (pago “El Enebro”), y el especial y apreciado “Secastilla”, con una fuerte base de garnachas viejas del valle del mismo nombre. Conjugando tradición y modernidad, el concepto de terroir y nuevas tecnologí­as se producen estos vinos, todos ellos con una relación calidad-precio magní­fica (y calidad a secas también). Desde 2003, además se vienen realizando una gama especial de monovarietales, las “Series Limitadas”. En cada una de las series se escoge una variedad y se elabora en colaboración con un enólogo extranjero de las regiones en las que la variedad en cuestión es más emblemática. En 2003 fue la merlot con el enólogo chileno Milton H. Toy, en 2005 se elaboró un pinot noir junto con Bruno Lorenzon, de Borgoña, y en 2006 un syrah con el australiano Terry Barnett.

Aunque he dicho que es la primera bodega de la D. O. Somontano, no es, por supuesto, la primera bodega de la zona. Además de las tradicionales cooperativas y pequeños viticultores en el siglo XIX, huyendo de la filoxera, se estableció en el somontano de Barbastro la familia francesa Lalanne, cuya bodega está situada al lado de Viñas del Vero, cuyos vinos son menos conocidos ya que el 60% se destinan a exportación.


Viñedos de cabernet-sauvignon

Una vez terminada la introducción nos hemos repartido en dos coches y un monovolumen de la bodega para trasladarnos a Blecua, a un tiro de piedra, como quien dice. Blecua está ubicada en una casa del siglo XIX restaurada, que perteneció a un médico de Barbastro de la época. La decoración y arquitectura exterior se ha respetado, de estilo ecléctico, aires un tanto italianos y algo de neoclásico. Las ventanas están ornamentadas con una especie de flor de lis, que también adorna las botellas de Blecua. Al lado hay un pequeño viñedo testimonial, ya que su fruto no se utiliza en la elaboración de Blecua, pero sí en los vinos de Viñas del Vero. La variedad plantada es la cabernet-sauvignon, y hoy todavía estaba muy inmadura. Nos han comentado que las contínuas lluvias de esta primavera van a retrasar la cosecha, y que las granizadas echaron a perder cerca de un millón de kilos de uva. Todos los viñedos de Viñas del Vero están plantados en espaldera, forman hileras, lo que permite la cosecha mecanizada mediante una especie de grandes tractores que, con dos ruedas a cada lado de las hileras, hacen vibrar las vides y aspiran los granos maduros, dejando el raspón y los granos más verdes en la planta. Sin embargo sólo se realiza la recolección automática con los variedades blancas, las tintas se cosechan a mano, por la noche, cuando la temperatura es más baja, aunque nos comentan que es posible que dentro de unos años también se cosechen mediantante máquinas y por eso todos los viñedos están plantados en espaldera.

El trayecto por la bodega en sí­ empieza en la sala de recepción, sorprendentemente pequeña. Blecua sólo produce un vino, “Blecua”, y es un vino de gama alta, considerado por muchos uno de los mejores de España. Servidor no dará su opinión porque aún no lo ha probado. Para su elaboración se realiza una triple selección, en primer lugar se eligen los mejores viñedos de Viñas del Vero, se utilizan las variedades cabernet-sauvignon, merlot, tempranillo y garnacha.

En la recepción de la uva se seleccionan los mejores racimos, para ello sacan una  pequeña cinta transportadora (mesa de triage) al exterior. Posteriormente se pasa al despalillado, con una máquina también muy pequeña, y es que la producción es muy baja. Esa uva se pasa sin prensar a las grandes barricas de fermentación, de roble francés del bosque de Allier. Las barricas de fermentación están ubicadas en la planta baja y hay solamente cuatro, una para cada variedad de uva, de 18.000 litros de capacidad. La extracción del mosto se realiza exclusivamente por gravedad. Dos veces al día se remoja el mosto a través de los hollejos para extraer los taninos (esto tiene un nombre pero no lo recuerdo), y la fermentación dura un total de 4 semanas, la fermentación maloláctica se realiza en las mismas barricas.

De allí­ el vino pasa a la sala de barricas para su primera crianza. Pero, el vino ha sido extraí­do por gravedad, y en los hollejos queda una gran cantidad de vino sin aprovechar. En la sala de fermentación hay una pequeña prensa automática de madera, con aspecto muy tradicional, en la cual se realiza un segundo prensado de los hollejos. El vino extrai­do se utiliza en Viñas del Vero y los hollejos resultantes se venden a un artesano del cercano pueblo de Colungo, que realiza con él unos estupendos aguardientes (y ya pueden serlo, utiliza los hollejos de los mejores viñedos y los mejores racimos!).

En la sala de barricas cada una de las cuatro variedades se crí­a por separado durante 12 meses. Hay una hilera de barricas para cada variedad, y viendo las dimensiones de la sala uno empieza a ser consciente de lo pequeña que es la producción de Blecua. Lamentablemente nosotros hemos visitado la bodega en un momento en el que no estaban estas barricas. En cada añada se utilizan sólo barricas nuevas de roble francés del bosque de Allier (que cuestan unos 600 € cada una según nos han contado). Quince días antes habían pasado la cosecha 2007 a las barricas de la segunda crianza, y habí­an retirado las otras para sustituirlas por las nuevas que aún no habí­an llegado. Por un lado hace la sala más fea, pero por otro la impresión es más grande. En un sólo golpe de vista hemos podido contemplar toda la añada 2007 de Blecua. Unas 30 ó 40 barricas (han dicho el número pero no me acuerdo, esto de madrugar es muy malo) de 225 litros.

¿Cómo se convierten cuatro hileras de barricas en apenas dos y pico? Es la tercera selección. Tras los ocho primeros meses de crianza se prueban las barricas una por una, y se escogen sólo las mejores. En ese momento se procede a ensamblar el vino mezclando las cuatro variedades. Y finalmente se termina la crianza durante otros 8 meses en barrica, se embotella en Viñas del Vero y continúa criando en botella en las cavas para que se redondee. 20 meses de crianza en barrica y una triple selección que dan lugar a unas 8.000-15.000 botellas en cada añada. Y si la añada no convence el vino no sale a la venta. Desde 1997, primera añada de Blecua, hasta 2003, última comercializada, únicamente en el caso de la añada de 1999 Blecua no salió a la venta.

Toda esta selección y todo este trabajo tiene un precio, y así­ una botella de Blecua se vende a unos 60 €. Dado el alto precio de la botella y la excasa producción se comprende (aunque no por ello deja de joder) que no nos lo den a probar.

En la sala de barricas hay una curiosidad, durante los trabajos de restauración y construcción de la sala encontraron unas cavidades en la roca datadas del siglo XI, las cuales habitaron monjes benedictinos de la abadía románica de Santa Fe de Conques (Francia), probablemente usadas como retiro.

De la sala de barricas nos pasan al centro de documentación, una biblioteca con unos 3.000 ejemplares de libros sobre vino y gastronomía, a disponibilidad del público previa cita, que reúne cada año a reputados enólogos y cocineros españoles en las jornadas “Dí­as de vino y trufas”. Donde se ponen como el kiko los tí­os cabrones (envidia que les tengo). Antes de acabar nos han enseñado unas fotos del edificio antes de la restauración y nos han trasladado de nuevo a Viñas del Vero, para finalizar la visita con una degustación de Viñas del Vero Gewürztraminer Colección 2007 y Viñas del Vero Crianza 2004. He aprovechado la visita para hacerme con los “inencontrables” Series Limitadas Pinot Noir 2005, Series Limitadas Syrah 2006 y Pinot Noir Colección 2006.

Y aunque no lo parezca no trabajo para ellos ni me pagan por hacerles publicidad, es sólo que uno se emociona hablando de los vinos de su tierra.

2 Agosto, 2008 at 15:55 by Jorge Orte Tudela

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13 Jul 2008

Primera visita a Expo Zaragoza 2008

Aprovechando la bajada de temperaturas de este fin de semana, y que me habían informado de que los domingos hay menos gente que los sábados, hoy por fin he ido a ver la Expo. Hemos ido prontito, a eso de las diez de la mañana, por si acaso, para evitar colas en lo posible.

La primera impresión tras cruzar las puertas es desoladora, una explanada sin nada de sombra. Pobres aquellos que la hayan visitado en los días de más calor. Como era el primer día y tenemos un pase de tres, íbamos sin ninguna idea fija, a lo que saliera y a ser posible evitando colas. O sea, que los pabellones más demandados nos los hemos dejado para próximas visitas.

Únicamente hemos visitado pabellones de países, ni la torre del agua, ni el acuario ni el pabellón puente, sólo países, y con el criterio de “si hay mucha fila pasamos del tema”. Y hemos visto un porrón, a ver si soy capaz de recordarlos todos y más o menos por el orden que hemos seguido: Pakistán, Andorra, Turquía, Italia, Kazajistán, Holanda, Lituania, Rumanía, Hungría, Vaticano, Francia, Mongolia, Tailandia, Marruecos, Jordania, Quatar, Arabia Saudí, Yemen, Túnez, América Latina, Países Bajos, Bulgaria, Bélgica, Austria, China, Nepal y La India. Es decir, una empanada tal que difícilmente podría describirlos todos, pero se hará lo que se pueda.

Los que más me han gustado:

En primer lugar, con amplia diferencia, Kazajistán. Los kazajos se lo han currado, y es en el que más tiempo hemos esperado porque ya me habían chivado que valía mucho la pena. Es una visita más o menos guiada, forman un pequeño grupo a la entrada y te hacen una introducción al país, con un par de pantallas mostrando imágenes de sus paisajes. Cuando el grupo que va delante deja vía libre abren la puerta para acceder a una recreación del paisaje invernal, con el aire acondicionado a tope, que da paso a una yurta en la que te cuentan un poco cómo era la vida nómada y describen los elementos de la tienda. De ahí sales a una recreación del verano que da paso a una sala con proyección audiovisual, música e imágenes, bonito, pero es mejor todo lo anterior. Y finalmente, de camino a la salida tienes pantallitas táctiles y un pequeño (muy pequeño)Â bosque. Muy, pero que muy chulo, muchos deberían aprender de los kazajos a la hora de montar sus pabellones.

En segundo lugar pondría al de Marruecos, que lamentablemente estaba bastante lleno y apenas se podía caminar sin tropezar. Una decoración muy currada y una pequeña exposición de artesanía y utensilios muy bonita (molan los dos fusiles).

En tercer lugar el del Vaticano, temía que abusaran del proselitismo, pero no, han sido muy comedidos. Lo pongo en tercer lugar porque han traído obras de arte de los Museos Vaticanos y de varios puntos de España.

En cuarto lugar el de Hungría, con una reproducción (en parte) de una maquinaria renacentista para subir agua del Danubio a un castillo a 60 metros de altura, y te dejan darle vuelvas a la manivela :-) Además han dedicado la mayor parte de la exposición a los balnearios, con fotos y maquetas. Este pabellón además tiene puntos extra porque la tienda está francamente bien, se pueden comprar especias (todos los tipos de paprika imaginables), embutidos, vinos… vinos… vinos… He salido con una botella de Kereskedómaz Tokaji Aszú 6 Puttonyos 1999 y otra de Kereskedómaz Tokaji Furmint 2007 a un precio más que muy razonable.

En quinto lugar quizá Italia, o quizá Francia, el primero tiene cosas más chulas y algunas explicaciones sobre los inventos hidráulicos de Leonardo, el segundo está muy bien decorado y te “desalan” mediante un osmosis inversa en un pasillo muy curioso.

Obviamente hay muchos pabellones que no he visto, pero esos son los que más me han gustado de momento.

Los que menos… pues hombre, La India, Pakistán y Yemen no son pabellones, son tiendas puras y duras, Rumanía tiene un vaporizador de agua, imágenes proyectadas y lucecitas (y punto), Lituania lo único curioso que tiene es una especie de laberinto de agua, es decir, una especie de duchas crean las paredes de agua y tienes que llegar al centro. Todo ufano intentas entrar por el trozo en el que no cae nada y como no te has fijado en que las “puertas” cambian de sitio resulta que se vuelve a cerrar justo cuando estás cruzando. Muy bien para los días calurosos, pero precisamente hoy, a la sombra y con el vientecico que soplaba… El de América Latina era muy, muy flojo, sólo hay fotografías impresas en plotter de gran formato haciendo las paredes y pasillos. El de Austria francamente no lo he entendido, hay un mostrador de información a la entrada y unas escaleras que suben a la segunda planta, allí te encuentras a una tipa vestida de novia con un sombrero austriaco, sentada en una silla, dentro de una burbuja con ventilador y confeti que hace las veces de nieve. La tipa lo único que hace es saludar y en un momento dado ha pedido a la gente que aplaudiera. O me he perdido algo o eso era demasiado postmodernista para mí… Y lo curioso es que habían un buen montón de gente sentada viendo a la tipa… creo que es porque de tanto en tanto los ventiladores le movían un poco los bajos del vestido y estaban esperando por si se le veían las bragas. Al menos había alguna azafata de muy buen ver, pero insisto, al margen de la metáfora de la típica bola de nieve no he entendido nada.

En líneas generales muy floja la cosa, demasiado audiovisual y pantalla táctil y muy poca “chicha”, muchos países que se nota a la legua que están por compromiso, por hacer acto de presencia, otros que no son más que tiendas, otros son básicamente oficinas de información turística… Pero se veía venir. Digo yo que si en vez de “el agua” hubieran elegido como tema “papeo y priva” habría estado mucho mejor la cosa.

Hablando de papeo, hemos decidido comer en horario francés para poder meternos en el restaurante Uruguayo, que ya lleva fama. Nos hemos quedado con el menú (45 euracos al canto), que consistía en un entrante de empanadilla de mate (carne con huevo duro, olivas y cebolla confitada) o ensalada (¡¡empanadillaaaaaaa!!) y cuadril nosequé con guarnición de ensalada o patata al plomo (patata asada). El cuadril ese son las “faldas” de la vaca, explicación que me ha dejado un poco como estaba, pero bueno, carnaca buena en abundancia, y muy bien hecha. Hemos regado el asunto con un vino uruguayo, Pisano Río de los Pájaros Tannat-Merlot 2003, que estaba de puta madre (rojo picota con ribete púrpura, capa alta, frutas rojas maduras y nueces en nariz, buen cuerpo, potente y estructurado, tánico pero bien domado, ni el menor ápice de astringencia). El servicio del vino ha sido riguroso, han dejado el corcho en la mesa, me lo han dado a probar a mí en lugar de a mi padre y han servido en el orden correcto. Y de postre… ¡¡sí!! ¡¡lo he vuelto a encontrar!! ¡mi flan perdido!, un poderoso y exquisito flan de huevo, bien denso, acompañado de crema dulce de leche.

Siguiendo con el tema “papeo y priva”, los cafés de los chiringuitos son más malos que la tos, pero en el pabellón de Túnez tienen un té a la menta bastante bueno, el té es de bolsita, pero la menta es fresca.

Como consejo para los aún no hayan ido, si pensáis recoger todos los papelicos de los mostradores de información (como hago yo) pasad primero por el pabellón de Andorra, que dan una bolsa la mar de útil para tal menester.

Y chispún, no hay fotos porque me he ido sin cámara, en las próximas dos visitas ya me llevaré alguna.

AÑADIDO:
Un compañero del curro me ha explicado de qué iba lo del pabellón de Austria, al parecer la tipa saca a bailar a alguien del público, le visten con un frac y proyectan imágenes de gente bailando valses como las del concierto de año nuevo. Y por lo visto también hay un tipo vestido de tirolés que saca a bailar a las señoras.

13 Julio, 2008 at 19:38 by Jorge Orte Tudela

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14 Abr 2006

Selva de Oza

Hoy me he ido de excursión a la selva de Oza, en los Pirineos oscenses. Los fines han sido casi estrictamente fotográficos, aunque también me apetecía dar una vuelta por la montaña.


Selva de Oza y río Aragón, en los Pirineos (Huesca)a>
Posteada originalmente por
Jorge Orte Tudela.
.

Yo es que me crié en los Pirineos. Sí, siempre he sido de ciudad, de Zaragoza, pero de chico pasé casi todos los fines de semana, y un buen montón de los veranos, en campings del valle de Tena. Desde que nací, a decir verdad. A pesar de estar muy enraizado a Zaragoza, siempre me he considerado a mí mismo como un “homo pirenaicus”, hasta mis andares son montañeses. Volver a las montañas es como volver a casa (y a quien se le ocurra llamarme “Heidi” o algo por el estilo le estampo un piedro en la cara). A veces me dan ganas de irme a un pueblecillo perdido, montar una tienda de alimentación o lo que sea y pasar el resto de mis días entre montes y abetos.

Pues eso, que me he ido de excursión. Primero al valle de Hecho, que siempre ha sido mi preferido. Hemos parado en el pueblo. Lo recordaba más pequeñajo, han construido bastantes chalets y apartamentos, pero por lo menos no ha sido nada masivo y han respetado mucho el estilo arquitectónico. He aprovechado para comprar una botella de licor de hierbajos, bayas y raíces, de esos que me van a mí, y que estoy degustando en estos mismos momentos. Un poco fuerte, me gusta más el del monasterio de Leyre, con ese puedes agarrar una buena borrachera sin proponértelo… está tan rico…

Después hemos seguido por la garganta del Infierno (en los Pirineos oscenses las cosas se llaman como se tienen que llamar, leñe) hasta la selva de Oza.

Planto el trípode, encuadro, reencuadro, me aseguro, mido, ajusto velocidad y diafragma, a mi ritmo, como me gusta, y disparo. Y oigo una voz que me dice “¿Ya ha hecho la foto?”. Respondo afirmativamente, es un hombre mayorcete, con cara simpaticona y un marcado acento aragonés.

- Ahora tiene que hacer la que tiene justo detrás.

Me doy la vuelta y miro los picos nevados. -Cae a contraluz-, le respondo.

- Usted es profesional.

- No, sólo aficionado.

- ¡Ah! Pero no un aficionado cualquiera, yo también era aficionado, pero veo que usted va muy bien equipado. Yo tenía una cámara de las grandes, de las cuadradas, una Yashica.

- ¿Una de medio formato?

- Sí, de las que hacían el “cliché” grande. Las cámaras de carrete son mejores que las digitales- Me cuenta el hombre.

Y he estado un rato charlando con él, de sus viejos tiempos fotográficos. La verdad es que me ha gustado la conversación, no es que el hombre fuera un gran experto, pero bien sabía que la película es lo mejor para las ampliaciones, y que el medio formato es también muy superior a los 35 mm. Finalmente me ha aconsejado volver a las 17:00 a hacer la foto que me decía, un buen consejo de alguien que ha vivido en la zona durante 45 años. Pero lamentablemente no ha podido ser, por la tarde se ha nublado el cielo, que ya amenazaba por la mañana, y apenas he podido hacer un par de fotos en bosque cerrado. Pero efectivamente, el sol que se veía entre las nubes quedaba justo en su punto. Da gusto encontrarse con los “viejos elefantes” de la fotografía, que aún saben apreciar la calidad.

Tras unas pocas fotos de paisaje hemos ido a comer a Siresa, el restaurante llenísimo de gente, normal en estas fechas. Hasta se les habían acabado los macarrones (nota para no-iniciados en la gastronomía pirenaica, probad siempre los macarrones, nunca defraudan en esta zona, y de segundo costillas de ternasco o escalopes, si tienen. Los vinos de mesa, aunque suaves, son muy buenos siempre). Sopa y jabalí al vino tinto ha sido. Aunque parezca mentira nunca había probado el jabalí, siempre he tirado al ternasco o a la ternera (muy buena también en los Pirineos). Al salir ya estaba el cielo cubierto, he aprovechado para fotografiar la garganta, con las sombras menos duras y la luz difusa. Y enseguida hemos vuelto a Zaragoza.

14 Abril, 2006 at 22:56 by Jorge Orte Tudela

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